Acompáñame a descubrir la Birmania religiosa y cultural. Descubre qué debes visitar y cómo debes dar el salto desde Mandalay a las míticas Ciudades Antiguas del país.
A unas doce horas desde Yangón en autobús nocturno, debemos visitar esta ciudad de apenas 150 años de historia. Es la segunda más grande de Birmania pero absolutamente diferente.
Si Yangón podemos caracterizarla como destartalada, Mandalay es un lugar polvoriento, lleno de bicicletas, con unos edificios a medio construir y puede que el dinamismo algo más leve que en Yangón sea más llevadero en todos los aspectos. No es bonita, pero de algún modo misterioso te atrapa, echando al aire todas las previsiones de pasar un par de noches para acabar alargando nuestra estancia dándonos alas para indagar en los puntos más relevantes de la provincia.
Sus mercados rebosan vida por todas la calles. No hay un principio y un fin, sencillamente si caminamos y nos dejamos llevar por el instinto, acabaremos comiendo algo, comprando alguna baratija o bebiendo un refrescante zumo de alguna fruta que ni sabremos pronunciar.

Puede que con lo dicho no sea un lugar imprescindible para visitar, más aún si venimos calientes de los tortazos recibidos en Yangon. Pero no. El objetivo de mi viaje en Birmania era partir desde el sur y subir hacia el norte. Mandalay es un campo base perfecto para la obligada visita a las ciudades antiguas.
Pero dejemos las visitas a las afueras para otro artículo y saquémosle a este extraño lugar los puntos más interesantes. Así que cojamos botellas de agua frescas y preparémonos para subir a la Colina de Mandalay.
El calor a finales de Agosto es terrible. La humedad puede que nos plantee una dura batalla, pero las duras escalinatas que te llevan a la cima son uno de los mejores premios que encontraremos en esta uniforme ciudad. Las paradas van viniendo a cuenta gotas, teniendo cada cierto tramo, un templo de reducidas dimensiones, para poder refrescarse y meditar si ese es vuestro caso.
Las vistas desde la cumbre son maravillosas. El río Ayeryarwady, que tanto condiciona y abraza con cariño a la ciudad, aquí rebosa de belleza formando una especie de delta interior. Las dimensiones son considerables y la panorámica con Mandalay a nuestros pies, darán cuenta que la jornada de llegada no ha sido una pérdida de tiempo.
Pero mientras planeamos hacer el salto a las ciudades antiguas, ¿qué podríamos hacer por la noche en esta gran urbe de un millón de almas? Tranquilos. Para las almas nocturnas tenemos algunos puestos que no cierran. Pero la mejor manera de arrancar es yendo a “Chapatis”. Una especie de puesticitos callejeros donde con sillitas mini y mesas para enanos, podremos darnos un buen atracón de comida un poquito pasada por curry pero deliciosamente barata.
Mi consejo antes de partáis a las visitas de las ciudades antiguas es que exploréis Mandalay. Alguna sorpresa os aguardará seguro. En Birmania, nada se da por sentado y cada jornada puede acabar siendo una agradable sorpresa. La gente engancha, vayas donde vayas, la sonrisa sincera acaba siendo una constante que va marcando el ritmo psicológico de un viaje que en un principio debería ser difícil por las ausencias infraestructurales, la censura dictatorial y te quedas con cara de póker al ver que todo se acaba convirtiéndose en una aventura fácil, llevadera e inolvidable.
Lugares de Interés en Mandalay:
Templo Mahamuni
Colina Mandalay
Monasterio Shwenandaw
Palacio de Mandalay
No estaría de más, pasaros por la oficina de turismo, donde podréis conseguir mapas gratuitos y una entrada para poder visitarlo todo a unos 12 Euros. Muy interesante si vuestra estancia se alarga dos días.
Más Información sobre mi viaje a Birmania: Aquí
Mandalay en imágenes:





