Hace siglos, a orillas del Ganges surgió uno de los más poderosos imperios en las llanuras del Ganges. El emperador Ashoka dominaba gran parte del subcontinente indio y no era especialmente popular por su benevolencia, sino más bien por sus implacables y violentas conquistas; postulan los historiadores que el gran soberano Ashoka cambió el destino del budismo.

Tras su legendaria conversión, Ashoka expandió a lo largo de sus vastas posesiones el perfume del dharma budista y ordenó construir hospitales y pozos de agua, restringir la caza de animales y erigir columnas con los preceptos morales del Tathāgata.

Nunca se forzó a convertir a la población a la nueva religión y se respetaron las otras creencias tal y como predicó el príncipe Siddharta Gautama, convertido ya en el Buda. Tras una ausencia de 750 años, el budismo vuelve a tener una gran importancia en la India a pesar  de ser un 1% de la población (8 millones de personas), una cantidad relativamente baja si lo comparamos con el Cristianismo (26 millones), el Sikhismo (20 millones), el Islam (150 millones de personas) o con el mal llamado Hinduismo (850 millones). Cualquier Ruta Budista por India y Nepal que se precie requiere de dos cosas esenciales por parte del viajero: mente abierta y un previo conocimiento -aunque sea de forma superficial, ya habrá tiempo de profundizar- del tema; mente abierta porque nos adentraremos en un mundo que ha fascinado durante siglos a viajeros, artistas, pensadores, historiadores y escritores como Schopenhauer, Jorge Luis Borges, Max Weber o Madame Blavatsky y un previo conocimiento que nos sirva de inspiración cuando nos encontremos delante de las sublimes estatuas de Tara (madre de todos los Budas) en la mítica universidad de Nalanda o meditemos sentados en zazen, absortos en la vacuidad dentro de algún templo japonés o thailandés en la pequeña localidad de Bodhgaya, allí donde el Buda alcanzó la iluminación y dinamitó las estructuras psicológicas del ego.

Bodhgaya ruta budista india nepal

Árbol Boddhi Bodhgaya ©2007 Jordi Carot

BODHGAYA
A la sombra del árbol Bodhi. En el estado de Bihar, a unos 80 kilómetros al sur del Ganges se encuentra la pequeña población de Bodhgaya, tal vez el centro de peregrinación budista más importante del mundo y el epicentro de esta ruta budista. Una gran red de monasterios y templos de todas las tradiciones budistas (Japón, Vietnam, Laos, Thailandia, China, Tibet, Bután…) rodean el Mahabodhi Temple, un espectacular complejo que fue construido en el 250 A.D.C por el rey Asokha y en el cual podrás admirar las deliciosas estatuas talladas de Buda y Tara, y donde podrás reconocer a las principales deidades del panteón hindú como Shiva o Vishnu. Hay que tener en cuenta que durante siglos el budismo se nutrió de la cosmología hindú y en ciertos aspectos comparten (también con el jainismo, otra ruta que se merece un post) puntos en común sobre la reencarnación o la ley del karma. Bodhgaya vendría a ser el ombligo espiritual para los budistas de todo el mundo, una especie de Jerusalem para los cristianos, La Meca para los musulmanes o Cuzco para los Incas, un lugar donde -si eres un idealista- puedes dejar de ver el budismo como una filosofía de vida y empezar a concebirlo como lo que en parte es: una religión. Especialmente recomendable es asistir a la gran ceremonia del Kalachakra (una oración por la paz mundial) que da el Dalai Lama en contadas ocasiones y que atrae a tibetanos que vienen desde diferentes partes de India, Nepal o el mismo Tibet, arriesgando sus vidas y su integridad física. Mi experiencia en el Kalachakra del 2012 fue una de las más memorables y entrañables que retiene mi retina, tanto por lo que supuso estar presente en una ceremonia de este calado como por la aventura emocional y personal que viví junto a mis compañeros/as de viaje.

Nunca soy el mismo después de volver de un viaje a la India y Nepal.

Universidad Nalanda ©2007 Jordi Carot

NALANDA
Los siglos de esplendor budista. Un chakra imprescindible de esta ruta budista es Nalanda, la universidad que congregó a más de diez mil estudiantes de toda Asia cuando el budismo le disputaba el protagonismo a los brahmanes. Sus tres bibliotecas contenían conocimientos de medicina, astrología, filosofía, teología y metafísica, se dice que ardieron durante seis meses cuando Nalanda fue atacada y saqueada por los afganos en el S.XII. Las ruinas de Nalanda pueden darte una ligera idea del día a día y de la vida que llevaban aquellos inquietos estudiantes. Caminar por sus anchos paseos es agradable a la vez que extraño, como si la ciudadela hubiese enmudecido, a sabiendas que su esplendor jamás volverá y que con sabia ejemplaridad resiste los embistes del tiempo. El museo arqueológico me pareció pobre, mal asistido. Como tanto pasa en la India, su gran patrimonio no es valorado como debiera. A pesar de todo ello, las estatuas y bustos de Bodhisattvas, deidades y Budas son de una belleza salvífica.

Imagen Buda Sarnath ©2007 Jordi Carot

SARNATH
Todos los caminos llevan a la ciudad sagrada de Varanasi, el avión y el tren seguro. La experiencia del tren es vital para adentrarse en la cotidianidad y el latir de la India, no concibo un viaje por la tierra de Gandhi y Nehru sin sentir en mis carnes las estrecheces de los viejos pero férreos trenes británicos ni los vaivenes de los vendedores ambulantes que forman parte de ese microcosmos tan peculiar que vive en los vagones. Voy a obviar las bondades y riesgos que el viajero se puede encontrar en la ciudad santa de Varanasi (Benarés en castellano, tramoya y escenario de la gran novela de Rudyard Kipling, el simpático Kim) y me voy a centrar en esos puntos de la ruta budista que creo imprescindibles de ver y de adentrarse, habrá tiempo de detallar las puestas de sol a orillas del Ganges en otro post, y es que Varanasi merece una serie de posts completos. La ruta budista empieza en Sarnath,  a unos 10 km de Varanasi, donde Buda dio su primer sermón a los cinco ascetas que antaño habían sido sus compañeros de fatigas y mortificaciones espirituales. Buda, ya como ser iluminado dio a conocer su doctrina en el Parque de los Ciervos y enseño lo que sería la parte fundamental de su enseñanza: las 4 Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero, una serie de indicaciones para llegar al Nirvana, que no es otra cosa que la extinción del ego. Podemos ver Sarnath en un día, pero aconsejo volver un segundo y un tercer día si hace falta, se puede llegar fácilmente con un moto rickshaw desde Varanasi. La Estupa Dhamekh marca el punto exacto donde Buda dio su primer sermón, no lejos de allí en el pequeño pero bonito templo podremos admirar los frescos del artista japonés Kosetsu Nosi sobre la vida, obra y milagros del Iluminado. Seas muy o poco creyente, es una buena oportunidad para que el monje o bikkhu de Sri Lanka que custodia el templo pueda bendecir el mala (rosario budista) o la estatua de Buda que has comprado para tu suegra o tu novio, esto te dará méritos para tu siguiente reencarnación y tendrás una imprenta espiritual importante, algo es algo, nadie dijo que la salvación fuese fácil.

Monjes tibetanos en Dharamsala ©2007 Jordi Carot

DHARAMSALA 
El hogar del Dalai Lama. He hablado extensamente de Dharamsala en un post previo. Santuario del exilio tibetano y uno de los lugares donde encontrarás un budismo vivo ya extinto en otros lugares de la India. El budismo tibetano está dentro de la visión Mahayana o gran vehículo, practicada en países como Japón o China. En una conferencia privada del Dalai Lama (Barcelona 2007, Casa del Tibet Barcelona) con los centros budistas, el líder tibetano afirmó que la tradición budista tibetana había bebido siempre de las fuentes indias, respondiendo así a quienes afirman que el lamaísmo es una versión alejada de las enseñanzas budistas originales. El tantrayana o vajrayana (camino diamantino) es practicado por algunas escuelas budistas tibetanas y promulga la vía rápida a la iluminación, aspecto que ha seducido a mucho público occidental adicto a los fast-food espirituales y a programas musicales de éxito rápido. Una ruta budista por India no debe excluir de ninguna manera Dharamsala.

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Estatua gigante del Guru Rimpoche en Gangtok (Sikkim) ©2006 Jordi Carot

SIKKIM
La tierra del Guru Rimpoche. Y es que Sikkim no perteneció oficialmente a India hasta el año 1975 donde por una aplastante mayoría en consulta se aprobó la entrada en la Unión India como nuevo estado, aún así, para su entrada se requiere de un visado especial y de algo más de paciencia para traspasar su frontera. Sikkim tiene una historia muy interesante y una riqueza patrimonial envidiable, mucho más conservada que otras ciudades de la India. Sikkim fue consagrada al que los tibetanos consideran el segundo Buda, Padmasambhava o Guru Rimpoche (no te pierdas visitar la super estatua en Gangtok) y donde asentó su reino de sabiduría. Se puede entrar -reptando- en la supuesta cueva donde meditó este maestro indio que esparció y divulgó el budismo en tierras tibetanas dominadas entonces por los demonios del Bön, un culto chamánico pre-budista que ha terminado siendo asimilado en parte por las escuelas budistas tibetanas. En 1912 llegó a Sikkim la gran viajera Alexandra David Neel invitada por el Maharjá Kumar (Sidkeong Tulku Namgyal) con el fin de visitar los monasterios budistas de la zona y ampliar así sus conocimientos sobre el dharma budista. En la capital de Sikkim (Gangtok) se sitúa el monasterio más importante de todos: Rumtek, hogar del Buda Viviente o tulku actualmente más importante (el Panchen Lama está secuestrado desde hace más de 20 años) después del Dalai Lama: Ogyen Trinley Dorje, el XVII Karmapa, célebre por su huída de Tibet y posterior pedida de asilo al gobierno indio y que causó más de un conflicto diplomático entre China e India. Se podría trazar perfectamente una ruta budista que incluyera Sikkim, Darjeeling y Kalimpong para luego saltar a la vecina Bután o hacía Nepal, el país donde nació Buda, exactamente en Lumbini.

Calles de Darjeeling ©2007 Jordi Carot

DARJEELING, KALIMPONG y SILIGURI
Un oasis en medio del Himalaya. Este bonito puerto de montaña es un goce para los sentidos. Mis recuerdos de Darjeeling son difusos, oníricos, fue la primera población de la India que pisé. Recuerdo que al despertar no sabía donde me encontraba, las nubes se deslizaban sobre los tejados de las casas y se oían unas pocas bocinas que rompían el sepulcral silencio matutino. Comparado con Delhi, Darjeeling me supo a gloria, aunque hay que decir en honor a la verdad que tiempo después me reconcilié con la capital india. Sus calles están repletas de estudiantes con uniforme, puestos de especies y de te y bastantes talleres de venta de todo tipo de estatuillas y tangkhas tibetanos; un regateo sano siempre es divertido y hasta saludable, forma parte del juego. Darjeeling comparte con Sikkim, Siliguri y Kalimpong el crisol de gentes que solo puede albergar un sitio tan extraordinario como es la India: indios, nepalíes y tibetanos forman una unidad donde budismo e hinduismo conviven sin el menor problema, visitar el acogedor monasterio de Ghoom y ver a sus monjes moldear las representaciones sagradas de mantequilla no está reñido con entrar en los pequeños templos consagrados a Ganesh o Shiva, coronados con su famoso e imponente tridente. Quién ha llegado hasta Darjeeling debe coger su tren en miniatura hasta Siliguri y disfrutar del verde y casi selvático paisaje, una atracción que puede parecer muy turística pero que da un sentido enorme al viaje, sobretodo cuando pasas por espesas capas de neblina y no tienes más remedio que respirar hondo y disfrutar del paseo. Si quieres inspirarte puedes ver el divertido film de Wes Anderson Viaje a Darjeeling, una orgía de colores que narra el viaje de unos hermanos que van a ver a su madre… que reside en Darjeeling.  Hasta aquí la ruta budista por India.

kushinagar

En Kushinagar, delante de la Estupa levantada donde quemaron a Buda

KATMANDÚ, LUMBINI y KUSHINAGAR
Katmandú Mon Amour. Mis primeras referencias de Katmandú llegaron a través de la novela de Fernando Sánchez Dragó El camino del corazón y del hit de Los Nikis Porque mi chica se ha ido a Katmandú, años después no tuve otra alternativa que hacer una mueca interior cuando me vi pasando la polvorienta frontera indo-nepalí a pie tras comerme unas cuantas horas por unas carreteras de vértigo y algo -ejem- desniveladas; ¡tranquilos! el desembarco en tierras nepalíes puede ser más tranquilo si se hace por aire, aunque a pesar de lo aparatoso del cruce por la frontera a pie es de lo más normal. Ignoro la viabilidad actual para hacer este mismo camino, el trágico terremoto en 2015 dejo dañadas infraestructuras y mucho del milenario patrimonio, fui una de las personas que vivió con ahonda angustia la triste noticia aunque estoy convencido de que el pueblo nepalí volverá a situar su territorio como referencia para los viajeros de todo el mundo, es un país excepcional en todos los sentidos. Aunque las trifulcas entre monárquicos y maoístas terminaron hace unos años con el triunfo en las urnas de los comunistas (muy cercanos a China), las huellas del budismo son evidentes tanto por sus dos grandes y emblemáticas estupas así como la cantidad de monasterios tibetanos, Nepal es uno de los países del mundo con más exiliados tibetanos. La relación entre el gobierno nepalí y el gobierno tibetano en el exilio es actualmente tensa dado a la proclive política pro-china de los comunistas, afectando directamente a los centros de acogida tibetanos que se encargan de recibir y asesorar a los tibetanos que escapan del Tibet a través de los Himalaya. Una ruta budista por India y Nepal no sería tal sin visitar los lugares donde nació y murió el hombre que dio lugar a doctrina budista, Lumbini y Kushinagar son todavía hoy sitios de peregrinaje para cientos de miles de budistas. Buda, así como otros avatares de la historia, no dejó nada escrito de su propio puño y letra, los primeros textos budistas -escritos en pali, la lengua que utilizó en sus sermones- fueron recogidos y tratados para que reflejaran la pureza y fidelidad de las enseñanzas transmitidas. El primer concilio se celebró en el siglo V.a.C en presencia de Ananda, primo carnal de Buda y donde se recitaron los sermones tal como se habían escuchado, he aquí el hecho de que todos los sermones empiecen con la fórmula Así lo he oído.

No hay nada imposible cuando hablamos de India y Nepal.

La muerte de Buda es de lo menos glamuroso que nos podemos encontrar entre el gran abanico de hombres divinos, intoxicado por una ingesta de setas -o carne, según la fuente- y tras algunos días postrado debajo de un árbol rodeado por sus más fieles seguidores, Buda expiraba su último aliento y alcanzaba el parinirvana, representado por la estatuilla del Buda estirado. No sé como llegué a Kushinagar, pero llegué. A veces la memoria nos suma o nos resta impresiones sobre lo que vivimos, pero juro que no miento si digo que no había visto tantos mosquitos (bueno, sí, en el Amazonas), tal  vez atraídos por los suculentas turistas japonesas y coreanas que dan vueltas sobre la negra estupa levantada en el mismo lugar donde se quemo el cuerpo del Bendito. Enclaves donde vas a poder ver monjes budistas indios son pocos: Bodhgaya y Kushinagar, me extraño ver un pequeño grupo de ellos en Dharamsala. La shanga o comunidad budista es un pilar importante en la doctrina budista (Buddha, Dharma, Shanga) y la imagen del monje errático es difícil de ver hoy en día, aunque no imposible. No hay nada imposible cuando hablamos de India y Nepal.

Habrá tiempo de hablar de Ladakh y de Bután, feudos donde el budismo se vive y se respira en cada átomo de hidrógeno. También otros lugares de Asia donde se conserva el budismo Theravada o Pequeño Vehículo, como en Birmania(Myanmar), Thailandia, Laos o Vietnam, países que se merecen también una ruta budista. Algunas partes del Sur de India también tienen interés budista y son el enlace para llegar a Sri Lanka, otro país a incluir en cualquier ruta que siga las huellas del Buda.
Emperador Ashoka
National Geographic

Mahabodhi Temple
Bodhgaya

Kalachakra 2017
Dalai Lama

Rumtek Monasterio
Karmapa

Karmapa
Sikkim

Cuando Nepal tembló
Editorial Kolima

Majjhima Nikaya: Colección de los discursos medianos
Editorial Kairós

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