Hablemos de la religión en Japón para tener un concepto claro de lo que nos iremos encontrando y de este modo poder entender muchas cosas que a mí por falta de información, pasé por alto.

¿Qué es una torii? ¿Por qué hay tantas en tantos lugares? ¿Budistas o sintoístas?

Son cuestiones algo confusas en Japón para el visitante. No llegamos a entender mucho cómo los templos budistas, pegados a los sintoístas acaban de alguna manera mezclándose. Pero empecemos con el símbolo más visible en el país, vayamos donde vayamos que son las “torii” o puertas.

Una “torii” o puerta,  es un arco sagrado tradicional japonés con formas rectangulares. La mayoría están hechos de piedra o madera, aunque encontraremos que los hay de aluminio e incluso de plástico resistente. Por supuesto que las “torii” más llamativas y conocidas son las rojas. Con lo que podemos deducir que una “torii” es la puerta o el arco, que marca simbólicamente la frontera entre lo espiritual y lo mundano. Por muy simplón que parezca un templo, siempre deberá cumplir con la presencia de tan icónico símbolo. ¿Pero de dónde viene esta tradición? Es muy típico del sintoísmo, una religión étnica nacional, que siente una conexión casi directa con los espíritus de la naturaleza. Una hermosa manera a mi gusto de enfocar una religión de tantas que hay en nuestro mundo. Muchos creyentes en Japón se consideran sintoístas, pero la mayoría se declaran practicantes budistas del tipo Mahayana. En una tierra donde las creencias son fuertes pero no fanáticas, los japoneses han dado con una fórmula curiosa, fusionando las dos doctrinas para crear una extraña mezcla. Si el budismo en Asia es claramente diferenciable entre países, en Japón rizan el rizo dándole una nueva ramificación no declarada, pero existente.

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El sintoísmo es la religión originaria de Japón desde sus comienzos. Se puede llegar a confundir con el animismo, por su veneración a los antepasados. Tan solo el budismo traído desde  China y Corea en el siglo VI, pudo desbancar a la religión oficial con el paso de los siglos, debido a la complejidad de su práctica. Según estudios históricos, no pueden determinar una fecha del sintoísmo sobre su nacimiento y práctica.

No existe un Dios específico. Cualquier elemento que surja en la naturaleza puede servir como inspiración a un rezo. Desde un árbol a una cascada. Los hay de una importancia conocida y unificadora como es el Sol. Este concepto es muy flexible, y como en La India, en Japón podríamos encontrarnos con miles de deidades, una para cada persona, pueblo o ciudad.

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El budismo japonés,  es uno de los tres principales tipos que existen. Por supuesto que no soy un entendido en la materia, pero puedo asegurar que dentro de estas tres fuentes, salen ramificaciones que no se desvían de sus fundamentos pero si de sus costumbres.

Lo que diferencia el budismo Mahayana es su tolerancia. Mientras en otros no todos pueden alcanzar la iluminación sino dedicamos una vida pura a la meditación, en Japón, una vida plenamente dedicada a hacer el bien puede llevarnos a reencarnarnos de nuevo para ayudar al resto en busca de su propia y plena liberación.  La sabiduría y el entendimiento total del concepto vida/muerte, el despego total por lo material, son los patrones que debe seguir un buen monje budista.

El cristianismo sin embargo, tan triunfal en Filipinas o Corea, no pudo hacerse un hueco en el país. Pese a sus intentonas dramáticas con la violencia como inspiración o sus exitosos incendios a los templos de las originarias religiones japonesas, fueron al final los políticos nativos los que los encargados de expulsar a los violentos jesuitas, instaurando y dándole un nuevo empuje a un sintoísmo que estaba en pleno declive. Deducimos claramente que la fuerza política en el pasado era un elemento tan potente como la fe inquebrantable del ser humano durante toda su historia.

DSC_3604Sólo debemos cumplir unas normas establecidas para visitar los famosos templos de Japón. Descalzarnos, guardar silencio y contemplar ese mágico silencio postrados ante la figura pacificadora de Buda. Si queremos meternos en la piel de un sintoísta, una cuerda suspendida en el aire,  nos dará la bienvenida en la entrada. Con una moneda de 5 yenes como ofrenda, haremos podremos hacerla sonar llamando a los espíritus. Dos palmadas y una pequeña plegaria guardando silencio harán que nuestro gesto sea respetado por el resto que aguarda su turno. Cualquier duda en esta representación, siempre tendremos el apoyo y la educación del sintoísta japonés que jamás se ofenderá por nuestra ignorancia. Imitar los gestos de los que nos preceden es una buena táctica para no romper con esa armonía si nos animamos a pedir ayuda a los espíritus de la naturaleza.

Con estos conceptos tan evocadores, no me diréis que esta doctrina no os llama la atención. Además dota a los lugares más caóticos de las grandes urbes de unos templos cuidados, bonitos y misteriosamente silenciosos.

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