Hay lugares en Cataluña completamente desconocidos para mí. Viajar al pueblo de Os de Balaguer fue una decisión estudiada. Puede que muchos fines de semana coja y desaparezca para ir mucho más lejos, pero en concreto este rincón anclado en el tiempo, se cruzó en mi punto de mira por casualidad y logré reservar una habitación en uno de los dos hostales que hay en la población.

Dedicado exclusivamente a la agricultura, Os de Balaguer recibe al turismo con un cuenta gotas, debido a su tan limitada oferta hotelera. El encanto, supongo que reside en eso, en irte a comer un buen bocadillo a la piscina municipal, donde toda la vida social del pueblo corre por delante de tus ojos, bajo miradas curiosas, señalando al recién llegado como algo extraño entre una población que no supera los mil habitantes.

El hospedaje que conseguí con una reserva previa de unos tres meses de antelación, era una casa antigua de pueblo, perfecta para hacer turismo rural. El propietario, dejándola tal cual, acondicionó dos habitaciones en el piso superior, para alojar a los visitantes con una comodidad incuestionable. El precio, algo subido para lo que ofrece, puede que nos deje mirando a otros hoteles más económicos y con más servicios, pero la sensación de estar entre paredes con miles de historias que contar durante varias generaciones, se manifiesta descaradamente en los objetos o en el olor rancio y antiguo que desprende la madera al envejecer .

El nombre de este singular sitio es el de “Alcova del Firmament”, y aunque caro, puede que sea el lugar que necesitéis para desconectar.

Pero… ¿Hay algo más que hacer que descansar y vagar por las tranquilas calles de este singular pueblo catalán? Si y mucho. De hecho, en el mismo municipio, nos podrán informar desde la recepción del hostal (situada a 10 minutos caminando de la casa), todas las actividades que pueden realizarse, ya sea en el mismo casco antiguo, en las afueras o en una de las rutas más conocidas en Cataluña por el precioso río Noguera Ribagorzana.

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Quien no hay estado en este lugar, debe visitarlo. Puede que se trate de uno de los paisajes más bonitos que uno pueda recorrer a pie. El camino puede hacerse de varias maneras, aunque la recomendable es la corta, yo hice en mi caso, la larga. Sus desfiladeros abiertos al turismo de montaña en el año 1982, fueron creados excavando las gargantas que dan abrigo al precioso río.

No es un paseo apto para gente que sufra de vértigo y la seguridad siempre dependerá de cada uno de nosotros. Las barandillas no existen y los caminos en la roca, a menudo se estrechan tanto que el paso simultaneo de dos personas es inviable.

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Para poder hacer la ruta que sale desde el Sur, habrá que comprar mucha agua y cargar con ella durante toda la jornada. Un buen par de bocadillos deberían bastarnos para hacer una larga parada a orillas del río y poder bañarnos. No existen ni restaurantes, ni tiendas en las que poder abastecerse para tan dura caminata.

Al principio de esta magnífica excursión, veremos como el río Noguera Ribagorçana nos embauca con sus verdes aguas que durante milenios ha ido esculpiendo un paisaje casi único en Cataluña y Aragón. Las mismas orillas, separan ambas comunidades, haciendo una de las fronteras más bellas que podamos encontrar en el noreste de España.

Siguiendo el sendero bien señalizado pero apenas transitado, obtendremos varias recompensas repartidas, dosificando de esta manera, el gran esfuerzo que hay que hacer para llegar a los desfiladeros. Iremos cruzando miradores naturales, masías abandonadas con siglos tras sus espaldas y cuando parece que no se puede pedir más, nos damos de bruces con el puente colgante.

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Este magnífico puente, cruza el río y da acceso a las aguas para poder meternos un buen chapuzón. Algunos locos son capaces de tirarse desde semejante altura saliendo ilesos. Cruzarlo y sentir el balanceo, no es nada comparado con las escaleras acantiladas de Montfalcó.

Para hacer la ruta que sale desde el Norte, desde Balaguer hasta Áger, un desvío nos dejará en un parking grande y ordenado, donde poder comprar agua. El camino es mucho más sencillo y los senderos excavados en la roca caliza se encuentran a tan sólo treinta minutos. No es apto para niños, y aunque más llevadera que la primera opción, los acantilados alcanzan alturas importantes.

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Sea cual sea vuestra elección, como mínimo necesitaréis una jornada entera para recorrerlo en horario de verano. En invierno con la hora cambiada y los días más cortos, necesitaréis dos días. No se necesita un gran físico para hacerlo, pero tampoco hay que estar mal de salud. El Sol pica y fuerte y los caminos aunque aptos para todas la piernas, son duros.

Yo dormí ambos días en Os de Balaguer e hice unos cuantos kilómetros para acceder por la parte Sur que empieza desde gran altura para acabar en los grandes desfiladeros.

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Qué hacer por la noche

Amante de la astronomía desde bien niño, no podía perderme uno de los platos fuertes de esta zona. Poder ver las estrellas en el Parque Astronómico de Montsec. Llegar allí es fácil. Una cena en Áger, un encantador pueblo, da paso a una pequeña vía asfaltada y transitable a motor hasta una planicie donde el observatorio está situado.

Las entradas hay que comprarlas con anticipación y si venís desde un hotel, hostal o casa rural, los mismos propietarios pueden hacer las gestiones necesarias para conseguirlas con apenas unas horas de antelación.

El acceso encantadoramente iluminado bajo un tenue caminito, nos llevará por un tour que nos irá explicando el mundo del universo. La cúpula es el plato fuerte. Bajo un techo abovedado, creado con las últimas tecnologías, irán poniendo constelaciones simuladas y muy bien explicadas por los astrónomos que trabajan en el recinto. Un cortometraje nos irá contando el secreto de nuestro cielo. Al acabar, la cúpula se retirará y veremos el cielo tal cual. Es muy impresionante.

Seguidamente pasaremos a la sala de observación donde tienen su gigantesco telescopio, donde en tiempo real, nos irán mostrando imágenes captadas y mostrándolas en pantallas estratégicamente posicionadas para que el público no pierda detalle.

Para acabar con este estupendo circuito, tres pequeños telescopios nos esperan en una terraza con tres ayudantes que nos irán enseñando el típico y siempre sorprendente Saturno, las galaxias y algún cúmulo de estrellas de nombre impronunciable.

Otras cosas que podremos hacer

Si la primera jornada la dediqué a lo escrito anteriormente, el domingo me dediqué a coger el coche, despedirme del pueblo e irme al primer monasterio que salió en mi camino llamado “Monestir de les Avellanes”. No sé el motivo, pero no pagué entrada y además tuvimos un guía que nos fue explicando la rica historia de este enclave muy bien remodelado.

A los que no hayan estado en Balaguer, por supuesto que una visita es imprescindible, pero eso es otro historia que contar.

Como podéis ver, no hace falta que volemos miles de kilómetros para disfrutar de una buena aventura. España como país sacia al más exigente viajero y a menudo no valoramos lo que tenemos cerca, buscando en otros países lo que a tan solo unos pasos tenemos.

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Más imágenes:

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Entrada al desconocido Os de Balaguer

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La belleza de los paisajes es indiscutible

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Los acantilados de este parque natural, son demoledores

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El camino que parte desde el Sur, es más duro y largo, pero mucho más completo y bello que el que sale desde el Norte

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Para gente valiente y sin miedo a las alturas.

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Os de Balaguer. Tranquilidad en cada esquinita

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Podemos basar nuestra visita en relajarnos sin movernos del pueblo. Sus monasterios cercanos, su castillo y su iglesia pueden romper si lo deseamos, con una monotonía necesaria a los que huyen de la ciudad

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