Para ponerle más cafeína a este precioso enclave, tenemos un “IMPRESCINDIBLE” recomendado por todas las guías de viaje, si nuestro culo acaba por la zona cafetera:
El inimitable Valle de Cocora.
Pero veamos cómo llegar, cuanto tiempo dedicar a recorrerlo o por dónde atacarlo de la mejor manera posible para llevarnos un recuerdo entrañable de las consideradas mejores excursiones en Colombia.

Caracterizado por estar repleto de palmas de cera, consideradas las más grandes del planeta y árbol nacional del país, podemos recorrer sus senderos perfectamente marcados durante media o una jornada, dependiendo del tiempo y los caminos que elijamos en nuestra ruta.

La dureza de la subida es media. A un ritmo lento, puede que no acabemos ahogados, subiendo por la parte derecha de la entrada al parque, siendo la más recomendada por los locales que iremos encontrando a nuestro paso por los pueblos. Es muy importante elegir bien el camino y no hacerlo a la inversa. Lo duro viene al principio. La espesa vegetación apenas dan visibilidad para que disfrutemos de nada, pero su recompensa al llegar a la cima, no tiene precio. Como segunda ventaja, podemos decir que una vez hecho lo duro, queda lo bueno. Una bajada con paisajes abiertos al valle os dejarán la boca abierta y vuestra cámara echará humo por el disparador.

DSCN1493Nuestro grupo fue encontrando en el sentido inverso de la marcha, a gente subiendo por el lado equivocado, y a duras penas podían disfrutar del entorno, dosificando fuerzas, pensamientos y el hecho de asimilar que estaban en uno de los puntos más famosos de la zona. Demasiadas cosas para llevarlas al mismo tiempo.

Por ese motivo, cogiendo en la bifurcación de la base, el camino de la derecha, cuando bajemos, sólo debemos dejarnos llevar por la belleza más simple que un viajero pueda soñar y la gravedad hacia abajo hará que olvidemos la dura subida realizada al principio.

Durante el trayecto, podemos visitar una granja de colibrís, donde rendir buenas cuentas con un café caliente.
En la base del valle, antes de iniciar el ascenso, también encontraremos diversos lugares donde abastecernos de agua y comida.

¿Cómo ir?

Desde el pueblecito de Salento, , cada día a las 6.10, 7.30, 11.30, 15.00 y 16.00, salen los famosos Willis (todoterrenos norte americanos de la segunda guerra mundial), desde la plaza principal. Mi recomendación o al menos así lo hice, es coger el de las 7.30. El trayecto dura una hora y el sol ya calienta lo suficiente para iniciar el ascenso.

Yo tuve la suerte de quedar con los dos israelíes que un día antes conocí haciendo el recorrido de las granjas cafeteras y con un neozelandés y un holandés que la suerte hizo que cenando la noche previa en la cantina hiciésemos buenas migas y quedásemos.
El resultado al final fue algo curioso, haciendo una mezcla de países que nada tenían que ver, agrandándose con la incorporación de una chica de Michigan, que vivía en Barranquilla.

Mientras los cinco íbamos caminando, todos los mochileros preguntaban de dónde éramos. La respuesta precisamente no era corta, y no dejaba indiferente a nadie.

Una vez concluida nuestra experiencia por el Valle, hay que ser avispado y coger transporte lo más rápidamente posible de regreso a Salento. Aquí los horarios dejan de existir y a medida que llegan, se llenan y se van. Nosotros de hecho tuvimos que esperar bastante tiempo, pero aprovechamos para jugar al disco en una pradera preciosa, bajo las tupidas faldas de las montañas. “Sarna con gusto no pica”.

Conclusión:

Sencilla y directa. No puedes dejarlo pasar si estás en la zona de visita. Sacrifica lo que sea, pero pon en primera línea de tiro a este magnífico valle, que como coinciden todos, es un auténtico paraíso para los amantes del “trekking”.

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