Pensaba que lo había visto todo. Que no quedaban lugares como éste. Que las gentes estaban comunicadas entre sí por las últimas tecnologías, que la aventura de viajar, se estaba convirtiendo en un nexo de nuestras vidas cotidianas en otros países y que percibíamos estar en otro mundo por el hecho de hablar distinto, creer en diferentes dioses y utilizar otra moneda. Pensaba que nada me impactaría más que mi primer contacto con las tribus africanas, hace unos ocho años.

Todo esto, hoy se ha ido. Ha volado. Se ha volatizado entre las marchitas acequias, entre las gigantescas y empinadas termiteras, entre los ardientes días del abrasador sol africano, entre los paisajes muertos y dulcemente bellos.

África. ¿Cómo poder describir en palabras o injustas instantáneas todo lo que te transmite?  Llegas a sentirla día a día,  creyendo que no habrá un mañana mejor… pero sí, lo hay. Donde quieras  y de forma casi impredecible,  podrás encontrar esos senderos que te llevarán a un mundo tan distinto, que acabas pensando,  que la línea espacio-tiempo, se ha roto,  que estás en otra época, en otro planeta, en algún lugar, que no quedan huecos para asperezas, sino que solo hay cabida para la felicidad y la armonía.

Que gran proeza la de los primeros aventureros… ¡Que valientes! Pienso en sus vidas, cien veces más intensas que la mía. Rumbo a lo desconocido. Camino al infierno, donde hostiles tribus aguardaban pacientemente sus previsibles llegadas. En la actualidad, tus nervios a flor de piel, sin nada que perder, con mucho que ganar,  andan movidos por la incertidumbre. Todo puede ocurrir en África. La ansiedad es a menudo una compañera de viaje muy pesada, imprevisible e incómoda,  pero activa tu sistema nervioso, poniendo en funcionamiento todas las alarmas en un cerebro cada vez más enriquecido a medida que avanzas hacia lo desconocido. En este continente, no sólo se conectan tus miedos, a menudo se disparan. La gente, aparentemente enfrascada en sus tareas, ven a un “farangi” y lo dejan todo. Puede que sólo les mueva una nata curiosidad, puede que necesiten unas monedas para subsistir y te las pidan educadamente o puede que nunca sepas las auténticas intenciones que hayan detrás de una sonrisa, una mueca o una huidiza mirada.

LOS KARO

Desde el pueblo de Turmi, a un largo camino de tierra por ríos muertos, encontramos unas de las estampas favoritas de Etiopía. El río Omo en una perfecta curva, da cobijo a los “Karo”. Parecidos en costumbres y vestimentas a los “Hamer”, este grupo menor en estas latitudes, son valientes guerreros y cazadores. Armados hasta los dientes, puede que pensemos que nos vayan a recibir a balazos. El dinero manda tanto en África como en el resto del mundo. Una generosa entrada para la comunidad, es un preludio para empezar a entablar conversación con estas fascinantes gentes. Por supuesto que no hablan inglés. Una sonrisa rompe con todo, unos gestos internacionales, nos acercan a todos un poco más, aunque estemos separados por un abismo cultural. Las bromas, suelen ser aceptadas en todo el planeta y veremos que al final de nuestra visita, a bromistas no los gana nadie.

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El sistema tan ordenado que tienen en las aldeas, recuerdan mucho a los “Mursi”. Con unas leyes muy claras, aunque no escritas, los asentamientos siempre tienen un único jefe. Suele ser el más mayor. En mi caso,  un anciano que descansaba bajo un enorme árbol, contaba en sus enclenques piernas, con ochenta años de edad. Muy difícil llegar tan lejos en tan duras tierras. Las mujeres tan bellas, son dueñas de un solo marido, pero deben compartirlo con otras esposas. Cada una en su casa pero bajo el mismo vallado. El estilo de vida, suele romper con todos los moldes. Puede que tardes un día o dos, quizás más, para darte cuenta que la falta de recursos, han hecho que los “Karo”, se amolden perfectamente a la naturaleza, viviendo, comiendo y construyéndolo todo, con lo que ésta les regala.

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LOS HAMER

Pero todavía quedaba mucho recorrido por delante y la jornada sólo acababa de empezar. Queríamos ver a los Hamer. Preguntando casi a ciegas,  conseguimos saber que en dos familias, se hacía “el salto del toro”. Esta prueba, muestra la valentía de los hombres, cuando se hacen adultos. Poniendo doce toros juntos, variando en número dependiendo de la ceremonia, el chaval en cuestión debe saltar uno por uno hasta completar el recorrido. Cuando lo ha hecho una vez, sin pausa, debe girar sobre sus talones y hacer lo mismo cuatro veces. La prueba es válida si no se cae y sirve para que pueda elegir a una esposa. A menudo las mujeres son cambiadas por cabezas de ganado, pero los tiempos están cambiando y muchos de estos jóvenes, eligen a su esposa por amor o deciden pasar del tema y aceptar a una mujer,  en un futuro sin presión alguna. Antiguamente, era continua:  la celebración, la elección y el matrimonio. Los “Hamer”, son gente muy arraigada a sus costumbres.

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Esta gran fiesta, suele durar tres días con un único salto. Poder verlos es difícil y debes pagar una cuota de 25 Euros para que puedas acceder a sus dominios y os aseguro que os quedaréis sin palabras cuando presenciéis a las mujeres enloquecidas, cantando y bailando sobre el seco lecho del río.

Las mujeres deberían tener su propio artículo. Son de un magnetismo difícil de evitar, cayendo hiponitizados por sus gritos y su devoción hacia los familiares varones, embrujando de una manera casi mística toda la atmósfera. Ellas llevan el peso de todo el ritual. Ellas son las que mandan. Sus fuertes lazos, su respeto al saltador o a los que saltaron años atrás y decidieron no casarse, hacen que presencies una carnicería, no apta para los más sensibles. Con varas de madera largas y flexibles, son fustigadas cruelmente por los solteros. Esto no es considerado un mal trato en estas tierras. Todo lo contrario. Son ellas que los animan a que les peguen con más saña. El concurso parece ser que se lo lleva, la que más acaba sudando sangre por la espalda. Podríamos pensar que cuatro golpes son una tontería después de haber visto a los “Mursi”, con esas deformaciones voluntarias en los labios y orejas. No. Esto va mucho más allá, mucho más lejos de lo que la comprensión humana pueda entender en los tiempos que hoy corren. Si pensamos que al inicio de la jornada, empiezan emborrachándose, para estar desde muy temprano dispuestas a recibir golpes, puede que el resultado final sea una cruel batalla  de unos cincuenta latigazos aproximadamente. Los golpes son duros, secos y a menudo estos finos palos, se parten. Algunos llevan espinas, clavando en la oscura piel heridas profundas difíciles de cicatrizar.

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El enloquecimiento por hacer cola y que las golpeen, hace que entre ellas luchen para ser las primeras en tener tal cuestionable honor. Su celebración culmina con armoniosos y bonitos bailes. Saltando y bebiendo café como parte del ritual y a mi entender, para quitar un poco la resaca de todo el día. Puede que este acto cultural y ancestral, sea lo más impresionante que haya visto hasta ahora en mis viajes por el mundo.

La belleza tan simple de sus aldeas hechas de madera y hierba seca, con una capacidad para seis personas, son simplemente de otra época. Entrar dentro y ver como beben esa espesa cerveza artesanal , observando en sus ojos un orgullo casi palpable, convierte tu viaje en un viraje hacia un nuevo concepto  sobre las cosas más imponentes que un viajero pueda ver en África. Apoyo a los safaris. Si te gustan los animales, contrata un buen guía y que te los lleve a ver. Pero lo visto en el documentado por grandes investigadores sobre  “ el salto del toro”, ha sido una explosión para todos mis sentidos.

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Las fotografías, jamás harán justicia a tanta beldad, a tanta autenticidad y captar todas las imágenes en mi cabeza, quedarán siempre anclados en mi memoria, como uno de los mejores momentos que he vivido a través del mundo.

Mañana parto hacia Omorate, última ciudad antes de entrar en Kenia. Intentaré contactar con los “Dassanech”. Puede que sea la última tribu que vea por estas secas y muertas tierras. Mi camino se desvía al Este del país y sólo la incertidumbre diaria de lo que va a ir saliendo a mi paso, mantiene una continua red de nervios  que no tiene límites. Ni que decir tiene, que estamos hablando posiblemente del mejor viaje que haya hecho hasta ahora.

Nada te va a preparar para ver las tribus del Sur de Etiopía. ¿Quieres seguirme en mi viaje por Etiopía?

Imágenes para entender la ceremonia:

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Terribles heridas causadas por los latigazos. Una ceremonia, no apta para sensibles

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Preparación de pinturas faciales para proceder a los rituales de los solteros en la tribu de los Hamer

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Haciendo una desesperada elección de finas ramas para utilizarlas a modo de látigo

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Baile ceremonial

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Son tan multitudinarias las ceremonias del salto del toro, que no sabes a ciencia cierta, quién toma parte

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Un hamer golpeando a una mujer

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Las chozas que son sus viviendas habituales

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El Salto del Toro. Una vez concluída la ceremonia, cualquier foráneo es cortésmente invitado a irse para celebrarlo ellos en la intimidad

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Jefe Karo

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La corneta, es un instrumento utilizado para llamar la atención de los hombres solteros

¿Quieres seguirme en mi viaje por Etiopía? 

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