Lo entiendo en parte, pero a menudo es injustamente encasillada como una ciudad caótica y sucia. Puede que para los que hemos ido recorriendo capitales asiáticas, Kuala Lumpur sea una gran ciudad algo sosa, que le falte el espíritu de Pekín, o la vida vibrante de Bangkok,  el divertido caos de Hanoi, o los coloridos mercados de Rangún, puede que no tenga ese alma que Katmandú ofrece a los viajeros más intrépidos con sus templos salpicando su bendita tierra, o que no tenga los fantásticos y futuristas centros comerciales de Singapur y le falte ese punto místico que muchas ciudades albergan en sus entrañas. Pero eso la diferencia del resto de ciudades, mirando a un futuro, mejorando día a día, para darles a sus ciudadanos las comodidades que tanto utilizamos en el mundo moderno.

La red de transportes, es única a mi entender en el Sureste Asiático. No tiene competidor. Es la mejor que he visto en mis viajes, con posibilidades de recorrerlo todo sin perderte y enlazando todos los puntos que uno quiera alcanzar sin problema alguno. Singapur, peca y mucho de sus escondidas paradas de metro, volviéndote loco para poder encontrar una. Puedes acabar atravesando varios centros comerciales gigantescos para encontrar una estación. Está tan forzado el consumo que no miran por los que van al grano y deben coger el transporte y punto.

Kuala a su modo es tan diferente como plural. Su Little India, no engancha, su Chinatown queda muy lejos de agradar a alguien, pero sus innumerables restaurantes de comida local, pueden hacer la estancia agradable pero no duradera. Tan solo tres días deberían ser suficientes.

¿Merece la pena subir a las Petronas?

Por supuesto que sí, también entiendo que algunos no quieran pagar tanto por la entrada, pero estando allí, no puedes dejar escapar la ocasión, porque bien merece la pena, perder un par de horas y recorrer su interior.

Las vistas son aceptables, pero son mucho mejor desde la torre que tenemos delante en forma de pirulí, de cuyo nombre no consigo acordarme, aunque no tiene pérdida, viéndose continuamente por toda la ciudad,  si inclinamos un poco el cuello buscando entre los rascacielos.

Símbolo del auge que vive Malasia, las Torres Petronas fueron los edificios más altos del planeta entre los años 1998 y 2003, con la sorprendente altura de  452 metros. Ahora tal y como avanza el mundo, parece que hay una fiebre por batir el récord absoluto en altura, desafiando las leyes de la gravedad. En tan solo diez años, han pasado de ser las primeras a las séptimas. Eso sí, nadie le quita el título de torres gemelas más altas del mundo.

Nuestra llegada a la ciudad, fue de noche, y no hay manera más impactante que verlas encendidas. Sólo debes ponerte en la base y mirar hacia el cielo hasta quebrarte el cuello… verás cómo acabas soltando un suspiro de sorpresa.

Mis más queridos amigos viajeros. Muy mal me habéis ido hablando de la capital.

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