Puede que busquemos un lugar a lo largo del año para poder descansar y desconectar de todo el ruido que rodea a una ciudad. Las escapadas rurales, más de moda que nunca en España, están siendo todo un éxito para los amantes de los viajes cortos, breves pero intensos y Sabiñán es siempre una buena opción.

Los que se las dan de ir a la otra punta del mundo, deberían detenerse unos instantes a pensar si merece la pena a menudo, por unos pocos días en hacer una salida en nuestro territorio nacional.

Amante de la cultura y gastronomía española, siempre acabo opinando lo mismo sucesivamente cuando en los lugares más alejados me preguntan si es bonito mi país. Mi respuesta es contundente, objetiva y con total conocimiento de causa.


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España en uno de los países más bonitos que he visitado en mi vida. Sus pueblos, muchos de ellos detenidos en el tiempo, no dejan espacio en la mente para especular lo que en un pasado muy lejano se vivió allí. Sencillamente, debemos dejarnos llevar por los cascos antiguos, hurgar en sus centenarias iglesias y escuchar a la gente que los habita con sus diversos acentos y costumbres a menudo muy alejadas de las catalanas.

Mi debilidad siempre ha sido y será Aragón. Desde la norteña Huesca a la desolada Teruel, podemos recorrer las carreteras más bellas y desoladas del país. No sé dónde leí hace unos años, que España era uno de los países más despoblados de Europa, según en el territorio que andemos investigando.

Cumplía 41 años. Mi regalo, era descubrir otro pueblo de tantos que durante muchos años he ido viendo. El elegido, se llamaba Sabiñán. Su casa rural; Las encantadas.

Apenas a unos 400 kilómetros de Barcelona, por una solitaria carretera, en algún inadvertido desvío entre Zaragoza y Calatayud, encontramos una endiablada carreterita comarcal que nos lleva a este adormilado pueblo de apenas 800 habitantes.

Tres bares, dos colmados y dos posadas, son las únicas fuentes de ingresos basadas en el turismo nacional. No veremos ningún extranjero, apenas a ningún urbanita acerca sus pasos hacia estas tierras plagadas de olivos y encimas. Sus horizontes, escupen a nuestro paso con el coche, caseríos de anteriores siglos, hechos trizas por el paso inevitable del tiempo y la desidia por mantenerlos vigorosos como antaño lucían. Pero no nos equivoquemos, porque son una parte esencial del paisaje y no lo afean, sino que le dan ese halo de misterio que sólo Aragón puede presumir de tener.

Una visita breve al pueblo de Sabiñán es suficiente para darte cuenta que nada guarda escondido. Es pequeño y parece aburrido, pero su gente, arraigada a su tierra y costumbres, extrañada de ver caras desconocidas, acaban siendo muy buenos anfitriones.

Las Encantadas, es un lugar estupendo. Una enorme casa del siglo XVII, reformada para acoger a huéspedes, tiene todas las comodidades que uno pueda esperar. Sus salas comunes, son un museo de años de trabajo bien desempeñado por el dueño y alcalde del pueblo llamado Don Ignacio. Este bonachón y simpático maño, hace que tu estancia sea perfecta.

Investigar a tu aire la casa, ver los antiguos enseres, las atemporales fotografías de principios del siglo pasado, fumar un cigarro en la tetería de estilo mudéjar, comer al lado de una chimenea o sencillamente echar una partida de cartas en la sala de juegos es simplemente emocionante. A un ritmo de tortuga, atrás quedan las prisas y asomarse al balcón, dejarte llevar por el gélido frío de la sierra y no escuchar ruido alguno, son cosas que andamos buscando a menudo.

Pero ¿qué hacer durante el resto del día en Sabiñan? Si el frío lo permite, hay varias rutas bien señaladas en los alrededores para poder caminar a tu gusto. Solo Ignacio te indicará con gusto dónde ir y qué hacer.

Si la niebla impide un paseo matinal para colocar el copioso desayuno en nuestros estómagos, a unos 50 kilómetros, tenemos el Monasterio de Piedra.

Su visita es obligada si estamos cerca de la zona. Su mantenimiento es algo decadente aunque un buen hotel, ha reformado lo que antiguamente eran las habitaciones de los monjes. Las ruinas de la iglesia, que en cualquier momento dan la sensación de caerse, no deben hacerse sin un guía que nos vaya explicando el estilo de vida que llevaban hace siglos los habitantes pertenecientes a la orden de los cisterenses, muy conocidos en el sur de Cataluña y Aragón.

El atractivo real, es el parque natural que rodea al monasterio. Decenas de cascadas, abastecidas por el Río Piedra, bien señalizadas mediante paseos de fácil acceso, hacen que los 15 Euros de entrada sean menos dolorosos de soltar. Sus pasarelas que van clavadas en los acantilados, perfectamente puestas, y los caminos bien diseñados para todas las edades, hacen suponer, que la inversión y dedicación están a la orden del día en el parque.

De regreso a Sabiñán, nosotros decidimos hacer parada en Calatayud. Mucho no podemos decir de este ciudad algo aletargada, suponiendo que el frío que caía era una excusa para no ver pasear por sus vacías calles a los residentes. Pero presume con orgullo de mucha historia entre sus muros.

Una breve visita a la Plaza España con sus dispares y sorprendentes fachadas desigualadas entre sí, una iglesia preciosa y un interesante castillo, todo con tintes Mudejar, hacen que no perdamos nada por ver la ciudad más grande en kilómetros a la redonda.

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En definitiva. Otra sorpresa que me ha dado una de mis innumerables escapadas por territorio nacional. Una desconexión necesaria a nivel personal y otro escalón arriba para mi país, para dejar el palmarés muy pero que muy alto.

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Lo que comenta el propietario
Las Encantadas es una Casa Rural situada en Saviñán, localidad zaragozana de la comarca de Calatayud. recientemente rehabilitada por sus dueños, conserva todo el encanto de la construcción original del siglo XVII.

A 19 km de calatayud y 77 de Zaragoza, Las Encantadas debe su nombre a la cercana torre del siglo XIV, escenario de “La Leyenda del Torreón de Las Encantadas”.

En pleno valle del río Jalón y muy cerca del Monasterio de Piedra, la Casa Rural Las Encantadas es un lugar ideal para dejar volar su imaginación y trasladarse al Aragón de la época mudéjar.

Posee un precioso jardín central y una fantástica bodega de la época con restos de una antigua almazara y un pozo manantial. sus actuales propietarios han querido conservar todo el encanto del pasado y, al mismo tiempo, dotar a la casa de todas las comodidades posibles para sus huéspedes.
Cuenta con seis habitaciones, entre ellas un loft con capacidad para seis personas, todas ellas decoradas con detalle y esmero.

El salón de lectura, la sala de música o el salón de té, cuentan con un mobiliario de finales del XIX, y, en ellos, podrá encontrar la tranquilidad y el sosiego necesarios para el descanso o una charla amigable.

En las encantadas, le ofrecerán todo lo que usted necesita para pasar unos días inolvidables.

Anímese y visítenos, nosotros ya estamos esperándole.

Sabiñán o Saviñan, lo investigaremos. 

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