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Yehliu | Cuarta jornada:/span>

Hoy tocaba emigrar. Tocaba irse e intentar descubrir Taiwán, saliendo de cualquier signo de modernidad que su capital emana por todo sus poros. La cuestión era que tenía varios lugares para elegir, pero el tiempo total de mi viaje era tan reducido que sólo podía investigar lo que más cerca me quedara ¿Cómo decidir donde pasar una jornada y regresar a Taipéi? Sencillo. Para eso la llaman la ciudad del Wi-Fi, para que nos conectemos y busquemos información de las excursiones más famosas que los mismos taiwaneses hacen a diario.

Después de escribir cada noche una crónica sobre mis experiencias, miraba de reojo otras páginas creadas por viajeros independientes como yo. Muchos te contaban decenas de historias creíbles, otros eran más fantasiosos o eran superhéroes que en una semana conseguían visitar toda la isla, trayendo bajo el brazo un montón de supuesta buena información. Yo, viendo el tamaño y la cantidad de cosas que había por ver, sabía que para hacerlo de buena manera, a la capital deberíamos dedicarle como mínimo cinco días. El resto del país, sin rascar ni una tercera parte de lo más imprescindible, sería necesario dedicarle otros diez días.

Por eso decidí visitar Yehliu. Hacía mucho tiempo que no veía el Mar de China y me hacía gracia poner rumbo al Norte en una excursión exprés, que me diera otra perspectiva de lo que hasta ahora había conocido del pequeño país. Si a esto le ponemos un título tan evocador, nombrándolo las páginas más especializadas como: “paisajes de otro mundo”, pues la decisión acabará siendo más fácil de lo esperado.

Para llegar a la costa, al pueblo de Yehliu, hay que coger el autobús 1815 desde la estación central de trenes. Por supuesto que hay más paradas, pero la más céntrica y la que nos qquedaba más  cerca del hospedaje era ésta.

Si disponemos de easy-card, la podremos utilizar igual que si subiéramos al metro, con lo que nos deja un billete realmente económico para una hora y veinte minutos de recorrido.

La parada recibe el mismo nombre: Yehliu. Andando a la entrada del parque, tenemos medio kilómetro y de paso, haremos una visita al pueblo pesquero, una estampa típica de la Taiwán más auténtica y menos conocida por los urbanitas que habitan en las intrincadas calles de la gran ciudad. Por lo que antes de llegar, podremos disfrutar de un puerto marítimo al estilo asiático, recordando muchísimo a lugares como Matsushima en Japón. Los decrépitos barcos, con las oscuras aguas, hacen que dudemos si andamos en Asia, pero sepamos que el país no es conocido precisamente por sus playas, exentas de la belleza que poseen muchos lugares del sureste asiático.

Mientras vayamos caminando, notaremos que el turismo nacional aumenta. Pocos son los que cogen un autobús público, prefiriendo las agencias de viaje, que recogen en las puertas de los hoteles. Por supuesto, turismo foráneo cero. Pero curiosamente, el parking de la entrada al geo-parque está repleto de gigantescos autocares, cargados de taiwaneses que con sus teléfonos de última generación, amarrados a sus “sticks”, van haciendo auto-retratos imposibles y carentes de toda lógica. Entiendo como últimamente hay accidentes mortales debido a las distracciones que éstos generan.

Los amantes del marisco, no deberían perder la oportunidad de callejear por el pueblecito. Repleto de buenos restaurantes, hacen caja continuamente para saciar el hambre, o capricho, según lo miremos, de las delicias que ofrece el mar. Sus enormes peceras, ofrecen pescado, langosta, pulpo, cangrejo y criaturas marinas, de las cuales desconozco el nombre.

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Pero pasemos al parque geológico.

A menudo, cuando voy a un lugar de estas características, no me dejo llevar por los preámbulos, y acabo olvidando el objetivo en cuestión. Me gustó el pueblo, el ambiente y el puerto pesquero. De hecho, la visita hubiera incluso merecido la pena sólo por cambiar de aires y ver algo diferente. Observar la otra cara del país, siempre se agradece, pero recordemos que seguimos en un lugar turístico y que la gente que me lea, no vaya a caer en frustraciones cuando haga esta imprescindible visita.

La entrada es económica y está bien estudiada para que no nos perdamos ningún rincón. Todos los caminos están vallados. Mi consejo es que pidáis un mapa y los dos kilómetros de cabo los hagáis con calma y sin prisas. Puede que las líneas en rojo pintadas al borde de los precipicios sean horrendas, pero necesarias debido al volumen de gente que lo visita, evitando que caigan al vacío desde alturas más que considerables.

La magia de este parque reside en la erosión que la naturaleza ha ido esculpiendo en la costa durante cinco millones de años durante el periodo Mioceno. Es magistral como nuestra madre tierra se puso manos a la obra, para esculpir unas rocas que dejan a la imaginación del visitante ponerles nombre. Su enfurecido mar se deja ver, se deja notar y oír cuando las olas estrellan todo su poder contra los rompientes.

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La más famosa roca, es la de la cabeza de la reina. No la veremos al principio, pero si vemos una cola de fotógrafos, deberemos situarnos, respetar nuestro turno y justo en el ángulo donde han puesto una plataforma, observaremos, que Nefertiti, viajó en el tiempo, plantando su busto en plena costa taiwanesa. Su imagen es tan famosa, que se ha otorgado el título emblemático de la ciudad de Wanli. Todos los folletos, todas las imágenes que consigamos sobre Yehliu, saldrá su fotografía en primera página. Sinceramente, no merece la pena venir sólo para ver este capricho que el paso de los milenios ha realizado con esta roca en especial. El parque geológico va mucho más allá y sus caminos montaña arriba hacia una gigantesca antena, hacen que la excursión sea una delicia.

Debemos estar atentos, ya que está lleno de fósiles. Esta vez, una zona estaba cerrada al público por seguridad, pero las tres horas de visita, podrían haberse alargado si nos hubieran permitido el acceso.

En definitiva. Si el tiempo apremia y dejáis Taipéi por un par de días, no perdáis la oportunidad de ver con vuestros propios ojos, como el paso del tiempo a menudo sin quererlo, se queda grabado en un trocito que aparentemente nos dará la sensación que no estamos en la Tierra, sino que andamos perdidos en otro planeta.

Taipéi Centro

Como ocurre muchas veces, por casualidades de la vida mientras viajamos, he decidido bajar en la calle Zongxiao E. Road, ya que he visto mucho movimiento. Después de la excursión de hoy, lo lógico era pensar que un descanso era el siguiente paso. Pero no. Las luces de cientos de carteles me han puesto en alarma y sabía que en las trastiendas de esas calles, se debían cocer cosas muy interesantes.

Lo que nos puede chocar, de hecho lo había descartado desde un principio, es que esta zona, podría estar fuera de tono en todos los aspectos. Tiendas de las franquicias más importantes del mundo comercial, anuncian sus nuevas colecciones a ritmo de una Taipéi que no descansa, que te abraza para ahogarte entre sus brazos sin dejarte ir tranquilo a dormir porque quieres más en cada esquina de lo que has visto.

He quedado impactado, como entre bastidores, en las callejuelas paralelas a la gran calle de Zongxiao, se movía un universo paralelo, una réplica comercial bajada de precio y subida de belleza, sin llegar a ser tan presuntuosa como las grandes marcas mundiales. Los bares musicales, las cafeterías con un gusto exquisito por la originalidad, las pequeñas tiendas de ropa, en a menudo callejones imposibles de encontrar, van chocando delante nuestro mientras vamos avanzando. Todo un desfile para la vista y el olfato. Los puestecitos esquineros haciendo ventas de las suyas, con el aceite recalentado, van llenando la caja al mismo ritmo que los estómagos de los taiwaneses. Esto es sencillamente la Asia que todos buscamos y que anhelamos cuando no nos encontramos en ella.

Pero no todo era lo que se veía. Debías caminar y mucho. De hecho, cuatro horas han sido necesarias para explorar toda la zona e ir de un lado a otro sin perder ni un ángulo muerto. Aun así, estoy seguro que detrás de esos callejones, habrían otros cientos más, dando por satisfecha mi pregunta de por qué eran tan gordos los libros que hablaban sobre Taipéi.

Siguiendo la gran avenida, desde Shandad Temple a Zhongxiao Fuxin, nos encontraremos con el barrio de la electrónica. Si en Tokio fue una decepción, aquí las cosas son más serias. Las tiendas retumban entre su música, los centros comerciales con apariencia vanguardista, dejarán a más de un viajero con la boca abierta. La cantidad de gente que se mueve por Xinsheng, es desorbitada y si no andamos con cuidado, como un presente, puede que nos quedemos embobados mirando en las televisiones, videojuegos que jamás veremos en una Europa que se las da de moderna, siendo una pata de gallo en un mundo que avanza más rápido que ellos.

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Definitivamente me ha sorprendido las enormes manzanas que hacen del Centro de Taipéi (Central Taipei), un imprescindible para los amantes de las ciudades futuristas.

Para llegar, el metro de la línea azul os dejará en la gran Avenida. Podéis bajar en Shandao Temple y hacerlo dirección este, o bajar en  Zhongxiao Dunhua y recorrerlo en sentido oeste. Sea cual sea vuestra elección, aseguraros de mirar por ambos lados de las calles traseras para no perderos ningún detalle de la auténtica vida en las calles de Taiwán.

Como podéis ver, el día se ha estirado bastante, si contamos con esa bonita excursión al Norte de Taiwán. Ya queda menos para que tenga  una idea clara sobre Taipéi, pero de momento y lo visto hasta ahora, es sencillamente insuperable.

Sígueme en mi viaje por Taiwán

Más imágenes sobre el parque geológico:

La famosa cabeza de la reina. Por supuesto, no exenta de decenas de turistas taiwaneses, con una interminable cola para hacerse la fotografía desde el ángulo correcto.

Si nos sentimos con ánimo, la subida hasta la antena, hará que veamos todo el parque desde las alturas. Un imprescindible para esta excursión si queremos sacarle el máximo provecho

Tan curiosas son sus formas imposibles, como el entorno en las que se encuentran. La erosión es tan profunda, que continuamente el paisaje va cambiando

Seguir los caminos por el parque, resulta sencillo e intuitivo. Un gran día para conocer otra parte del país

Las aguas claras, raras de ver en el Mar de China, son sólo corrompidas por los cientos de visitantes que a diario recorren el parque

Aunque las ganas no falten, está totalmente prohibido bañarse en estas aguas

Es de vital importancia, donde compremos la entrada (arriba), que pidamos un mapa y no dejar ningún rincón por descubrir.

Ya forman parte de un clásico allá donde nos movamos por el país. Los mercados ordenados y limpios, ofrecen extraños productos chinos de difícil clasificación.

Los amantes del marisco, estarán contentos de pasar por este encantador pueblo pesquero donde las marisquerías se amontonan por todas las esquinas.

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