Hagamos un esfuerzo para entender a Laos. Puede que no sea un destino muy solicitado, pero entre sus fronteras, nos aguardan grandes paisajes, gente extraordinaria y un montón de actividades por hacer, ya sea excursiones a aldeas alejadas de todo, navegar por ríos bravos casi comidos por la jungla en sus orillas, beber al ritmo laosiano, hacer escalada o dejarse llevar sencillamente por la “Calma Laosiana”.
Laos lo deja a uno adormilado. Puede que si venimos de una Vietnam animada y preparada para recibir a miles de turistas, nos demos un tortazo y no asimilemos que aquello no está para que las agencias turísticas anden metiendo la nariz por sus endemoniadas carreteras.
Esperando las salida del autobús en Hanoi, que me llevaría al desconocido Laos
El viaje por el Sureste asiático estaba rozando la locura. Venía de Hanoi, después de haber estado en Birmania y mi intento fallido por cruzar a Laos desde allí, hizo que los planes cambiaran completamente.
Con lo que de momento, había aterrizado en Tailandia, había salido disparado para Birmania y tuve que ir en avión a Vietnam, porque las fronteras terrestres estaban cerradas a cualquier paso de foráneos.
Desde Hanoi, no tuve otra idea que conocer la verdadera Asia por carretera. Compré un billete de autobús y decidido me monté para recorrer en un día entero lo que me separaba hasta Luang Prabang. Bendita o maldita locura la mía. Sí, conocí bien el camino, pero involuntariamente. Lo que debía ser una jornada se transformó en unas 36 horas de viaje perpetuo porque la carretera literalmente se rompió y la montaña que debía cubrirla se la llevó río abajo.
Carretera literalmente arrasada por las torrenciales lluvias
Así, que mi llegada a Laos se retrasaría bastante. Allí, en medio de la jungla, con cientos de vehículos colapsados, empecé a conocer lo tranquila que es la gente en el país. El autobús que debía llevarme a Luang Prabang, abandonó todo intento de paso, por lo que tuve que negociar precios con otros autobuses que andaban metidos en el extremo contrario. Después de duras negociaciones, pude coger uno a buen precio y llegar al destino sobre las dos de la mañana. Ya tendría tiempo de descubrir por qué llamaban justificadamente a Luang Prabang, la Joya de Asia.
Fotografía: Tomada durante el accidente natural de la carretera. La gente de Laos, aunque tranquila, es adorable
No es de extrañar que el nervioso o impaciente, desespere en este país, teniendo en cuenta que «la calma Laosiana», es conocida por los más experimentados viajeros. Nunca es tarde para ellos, un plato puede llegar a tardar una hora de reloj en servírtelo. Cuando tu estómago ha vencido la batalla contra el hambre, aburrido de esperar o cansado por desesperación, aparece tu plato en la mesa con el portador sonriendo como si nada pasara. Es parte de la vida, es parte del viaje…
Tierra de Nadie. Frontera Vietnam/Laos, donde los pueblos dejan de tener nombre
