En Viajar Por Libre, estamos de enhorabuena. Tenía en mente visitar algo diferente y poder compartir la información con vosotros. En lo que va de año, he intentado guiarme más por instinto que por objetividad. Supongo que el buen viajero es aquel que se adapta a cualquier lugar, en cualquier terreno y disfruta de lo bueno y aprende de lo malo.

Desde que decidí abrir este proyecto, nunca he sentido presión alguna por colgar un buen artículo. A menudo, más de lo debido, publico cosas sabiendo de antemano que no se leerán. Tanto en Foto-relatos como en El Rincón de Pensar, llegareis a pensar que este tío ha perdido el norte. Pero eso es lo que nos hace diferentes a otras páginas. Aquí nos mojamos. Me refiero que la recta final debería ser un torrente de información sobre rutas y consejos. Pero sentado con mi socio, amigo y documentalista Jordi Carot, decidimos que nuestra web fuera un purgatorio de sentimientos encontrados en muchos momentos mientras vamos con la mochila a cuestas. Ese empuje hacia lo que uno sentía en su interior, hizo que cogiéramos unas directrices muy claras respecto a lo que debíamos escribir, dando con una fórmula algo dispar, pero que a nosotros nos acabó funcionando muy bien. En resumen: Si sumamos nuestras vivencias por los países visitados, ponemos nuestras rutas personalizadas, colgamos las fotografías que hemos ido realizando, abrimos un espacio para responder y ayudar ante cualquier duda que el lector haga, y encima podemos desahogarnos contando nuestras penas y alegrías sobre nuestro día a día, el resultado es Viajar Por Libre.

La cuestión que se me planteó cuando abrí este espacio en el mundo cibernético fue clara. Compartir mis experiencias con otros viajeros y poder ayudar a la gente que quiere abrirse camino a explorar por su cuenta, sin agencias, todo tipo de países. Desde los más conocidos y turísticos a los más extraños y misteriosos del planeta. Sin ánimo de convertirlo en un modo de vida, la página me ha hecho virar varias veces cuando sentado delante del ordenador he tenido la oportunidad de elegir un punto del mapa y largarme de nuevo.

Ahora, lo que busco en mis nuevos viajes, viene algo condicionado, porque intento abarcar más de lo debido. Me siento en deuda con nuestros suscriptores y debemos seguir adelante pese a que esta crisis lleva una eternidad viendo el final del túnel. Para viajar, hace falta dinero, para hacer dinero, un trabajo que te aprovisione de un salario. Entonces, el tiempo…. ¿de dónde lo sacamos?.

Como todo mortal, tenemos nuestras largas pausas, pero cuando nos vamos, lo hacemos en serio. Quizá mi profesión, ajena a este mundo, no me dé el tiempo necesario que yo, como insaciable viajero necesite. Pero mi conformismo viene acompañado de un optimismo renovado cada cierto tiempo por una breve escapada.

En diez meses, he podido viajar a Colombia, Panamá, Corea del Sur, Turquía, Hungría y en tres días parto hacía Etiopía durante 27 días. Puede que no me dé tiempo en cuatro jornadas a la vuelta, para conocer a fondo la ciudad de Dubái en los Emiratos Árabes, pero también haré un esfuerzo para conseguir información fresca bajo los 50º que arrasan el país en pleno verano.

África es un continente que vende mucho. No me refiero en sentido económico. De hecho todas los artículos redactados del continente asiático, han sido los más visitados y lo que tienen las mejores críticas. Asia, se deja llevar. Su economía tan amplia, hace que muchos viajeros opten como una opción económica para travesías de larga duración. Creo que si no hubiera sido por Malasia, Singapur o Indonesia, hubiéramos caído en un pozo oscuro de desesperación porque nadie nos leía.

Sin embargo, África inspira aventura. Todo el misticismo que despierta, es de un magnetismo inimaginable. Las grandes obras literarias sobre grandes viajes, están inspiradas en el continente que vio nacer al Egipto faraónico, que regó las grandes sabanas de pastos inabarcables por el que desfilan en la actualidad las mayores manadas del planeta, que paradójicamente, siendo tan rico, sigue sumiéndose en la más profunda de las pobrezas. África evoca respeto, incluso me atrevería a decir que miedo. En la gran obra literaria de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, autobiográfica, vemos como las sombras de la jungla, se tragan al escritor, que se debate entre la cordura y la paranoia.

Los tiempos han cambiado desde que las grandes expediciones europeas indagaran en tierras inaccesibles, colonizándolo todo a su paso. Podemos viajar leyendo. De hecho, cuando mermaban mis recursos económicos a principios de mi juventud, mi manera de evadirme era leer a los grandes autores que iban en busca de caminos inexistentes, rutas inventadas o perdían años de sus vidas entre enfermedades desconocidas sólo para encontrar el nacimiento de un Nilo.

Invariable ha permanecido Etiopía. Con una breve intentona de colonización italiana, los etíopes presumen de ser el único país que ha quedado tal cual. Los rumores sobre la reina de Saba, permanece clavado en el alma de su cultura. En las escuelas, las grandes historias sobre su fundación son tan inverosímiles para nosotros, pero tan reales para ellos, que desde un respeto mutuo debemos creer que el arca de la alianza sigue entre sus manos, y que su antigua reina, yació con Salomé, robando tan preciado objeto, que tantas especulaciones han suscitado.

Mi viaje será diferente este año a otros. ¿Por qué?. Quien haya pisado África, sabrá que en un mes, no puedes depender de los transportes públicos. Conozco viajeros que empezaron su vuelta al mundo en África y de allí no pasaron, requiriendo más tiempo del debido. En cualquier país, debemos tener muy claro, que los horarios no existen. La calma, la paciencia y el pasotismo frente a los problemas, puede que nos salven de un calvario.

Desde España y a buen precio, contacté con un conductor en Adís Abeba. La ruta la impongo teóricamente yo, aunque asesorado por su sabiduría sobre Etiopía, me dejaré llevar un poco por él. Tres vuelos internos, necesarios para abarcar tanta extensión harán que el viaje se encarezca. Si dispusiera de más tiempo, lo intentaría por vía terrestre, algo imposible en un mes. La capital, dará un pistoletazo de salida, que me llevará al lago Tana. Dispondré de aproximadamente 11 días para visitar, Gondar, Labilela y Axum. Allí, sobre la marcha decidiré qué camino tomar, pero debo ser cauto, porque el sur me espera. Trece días aproximadamente, me llevarán por las tribus del Valle de Omo. Las etnias más importantes de África las encontraré en tan solo una pequeña arista del mapa africano. Desde el sur, iré subiendo a la capital, pasando por Nazareth y concluirá mi viaje.

Ahora, las dudas son numerosas y las respuestas escasas. Desconozco totalmente Etiopía. Mi objetivo se centrará en escribir cada día mis experiencias y colgarlas directamente en la página web. No quiero que nada quede en el cajón del olvido y que me acompañéis de alguna manera en mi travesía por todo el país.

Sólo resta esperar, respirar, vivir y soñar despierto, que uno de mis grandes sueños como viajero, está a punto de cumplirse.

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