Pocas ciudades en el mundo pueden albergar la historia que posee Estambul. Conocerla del todo es un imposible, pero tratar de acercarte a ella y sentir el paso de la historia es un hecho.

Tres veces he llegado a pisar este poderoso rincón, ubicado entre Asia y Europa, con una frontera entre ambos continentes cortada por una lengua de océano.

Curioso o no, sus más de catorce millones de habitantes, no deben reprimir nuestros deseos de caminarla y tocarla. Estambul, se deja llevar, se deja ver y explorar. Su rica historia hace que siglos de continuas luchas entre dos religiones por conquistarla, hayan dejado como legado una tierra bendita por monumentos milenarios e impactantes templos fundados por cristianos y musulmanes.

Podemos caminar desde la Mezquita Azul hasta Santa Sofía, visitar los palacios de los egocéntricos y tiranos sultanes, navegar por la puertas del mar negro, defendidas por sus traicioneras corrientes, sumergirte en sus interminables e históricos bazares, y dejárte llevar por la marea humana. Estambul no deja indiferente a nadie. Deja una recuerdo eterno que tan solo debemos recuperar de nuestra mente o sino haz como yo, vuelve a ir una y otra vez. Verás que en cada ocasión, algo por descubrir dejaste la última vez que la pisaste.

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