Un año más, el frío como telón de fondo y las campañas arrolladoras navideñas nos hacen enfundar nuestros disfraces de consumistas. Admitámoslo, no sólo hace falta que estas fechas tan especiales indiquen nuestro grado de hipocresía.

Andamos todo el año pegados a la línea marcada por la sociedad, pisando siempre el lado bueno, seguro y práctico.

No está bien que yo diga que esta efeméride en el calendario, es absurda en cuanto la celebración de una religión que nada tiene que ver con lo que el planeta en realidad fija sus puntos de mira, como son los regalos y las reuniones familiares tan poco dadas últimamente en la nueva generación.

Saltemos y dejémonos de seguir esas pautas tan marcadas. Volemos hacia otro lugar que nada tenga que ver con Papa Noel o Reyes magos de Oriente, llevados a la más santa locura que ha parido nuestro almanaque.

En cuanto la infancia queda como un borroso recuerdo en nuestras mentes y siempre y que no seamos padres como es mi caso, dejémonos de remilgos y salgamos a conocer cosas nuevas, abriéndonos a nuevos horizontes siempre que nuestra economía lo permita.

Con este pequeño artículo, os voy a contar los secretos inexistentes del viajero independiente.
¿Cómo dar la vuelta al mundo en un año? ¿Cómo viajar por el planeta viviendo la vida sin importarte un mañana? Que bien suena ¿verdad?.

A menudo he investigado a escritores, fotógrafos y viajeros independientes que erróneamente viven de ello ¿A quién pretender engañar?

Para viajar son imprescindibles dos cosas: Ganas y Dinero.

De la primera ya nos encargamos con facilidad, pero ¿Qué ocurre con la segunda?

No os dejéis engañar por los listillos de la red, que te venden su vida como la más bohemia de todas, cuando acabas por darte cuenta que el respaldo económico que llevan por detrás es inmenso. Viajar es caro. Por mucho que te digan y mientan, un billete, una comida e incluso dormir en los lugares más ruinosos, llevan un coste.
Hace poco, leí un artículo de una conocida web, que contaban el secreto de su primera vuelta al mundo. Mi decepción fue inmensa.

Su táctica pasó por pedir un préstamo al banco, mintiendo y diciendo que el capital era para comprarse un coche. Vale. Hasta ahí llego y lo entiendo. Pero… si a la vuelta no tienes trabajo, sé de buen grado que sus familias podían seguir pagando el préstamo quedando su viaje en una anécdota egoísta con tintes triunfalistas y egocéntricos.

Ni que decir tiene que no he basado mi reflexión en unas personas que tienen la suerte de tener el factor económico de cara si las cosas se ponen feas.

Con dinero, lo fácil es huir a ciegas dejando atrás sin miramientos lo que inevitablemente algún día a tu regreso encontrarás.

He recorrido medio mundo, conociendo a decenas de personajes que llevaban meses viajando sin importarles su fecha de regreso. A mí, personalmente, y como curioso que he sido siempre, no he tenido más remedio que ponerme el traje de preguntón y he ido a atacarles a la yugular a ver a qué sabía la sangre de mochilero despreocupado de la vida. Porque cuando algo no lo entiendo, debo poner solución a ello.

La mayoría, jóvenes con la carrera recién acabada, deciden irse y volver cuando los giros postales o las transferencias bancarias que con tanto cariño envían sus padres acaba. Otros sin embargo, lo dejan todo, trabajo, venden coche e intentan vivir el camino, con ciertas limitaciones pero con un orgullo intacto porque se lo merecen. Algunos son más cautos y sencillamente se van sin un euro, pero consiguen trabajo en el extranjero, pero ahí se acaba la aventura, porque el viaje finaliza al trabajar y poner las mismas pautas extranjeras que en tu lugar de origen para poder comer día a día. Luego tenemos escritores mediocres que con un golpe de suerte y subvencionados por editoriales, pueden seguir viajando siempre que envíen su trabajo periódicamente. Éstos últimos, porque no voy a decirlo, son los que me crean una envidia sana.
Pero los hay que van más allá y tienen la osadía de echarte en cara, que sigas tus sueños, que lo dejes todo porque si no, eres un cobarde que no vive la vida que sueña. Sí, los sueños no sólo están para soñarlos, a veces podemos cumplirlos, Pero bueno, ¿qué se creerán?, ¿¿¿que no viajamos porque nos da pereza???,

Ya lo mencioné en mi prólogo de “La sed del nómada”. No es de cobardes quedarse a pagar una hipoteca y trabajar a diario, ganándote la vida dignamente, sino de valientes quedarse a luchar día a día con una sociedad que cada vez lo pone más difícil.

(Visited 147 times, 1 visits today)