Salir de Oakland e internarte por el interior de California suena a chiste. Desde las frías mañanas, nos hemos chocado con el tórrido calor de estas regiones. Las áridas tierras, muertas de hambre con follaje moribundo brillando como el oro,  por ausencia de agua, irá marcando un camino lleno de atracciones para ir parando inevitablemente. Puede que nadie ose marcar con una cruz en su mapa, ni a Sonora, ni el recorrido que discurre entre el pequeño pueblo y la hermana feota de San Francisco, Oakland. Pero haré caso omiso a los consejos para llevar una página web de viajes, y no voy a ser tan objetivo con el día de hoy y me voy a dejar llevar un poco por la experiencia de la jornada.

Camino a Yosemite, no hay más remedio que dormir cerca del parque. Desde San Francisco o Las Vegas, las seis horas de carretera están aseguradas. Mariposa ofrece alojamientos a un alto precio, pero la distancia a la entrada de Yosemite, es de tan solo es de 70 kilómetros. Para los rezagados como yo, Sonora, es una opción muy viable. Aunque se encuentre a 117 kilómetros, el tiempo en plantarse allí consta de tan solo dos horas de carretera serpenteante.

Pero no perdamos el día sólo viajando y vayamos más allá, donde la carretera se abrirá como un abanico delante de nuestros ojos. Esto es Norteamérica, y siempre existe la opción de sorprendernos tras cada curva.

Durante nuestra ruta, iremos recorriendo lagos, con profundas gargantas y presas imposibles. Escoger el desvío adecuado es cuestión de elegir uno al azar. Los pueblos que iremos atravesando, os recordarán más a un western de película, que a la California que muchos tienen en cabeza, con surfistas y playas de ensueño. Las granjas forman parte de un precioso paisaje, con cientos de cabezas de ganado. Los típicos pueblos, donde persisten en enrocar sus costumbres más auténticas, irán apareciendo a medida que traguemos kilómetros conduciendo.

La sencillez de todo es tan fluida, que la ruta no resulta forzada y Sonora, no se marcará en nuestro mapa como un destino al que llegar lo más rápido posible. Si tiramos de valentía, podríamos incluso llegar a Mariposa. Los puertos de montaña, engañosos por la pobre altura, se empinan de manera peligrosa, dejando a nuestra derecha un abismo de matorrales carbonizados tras el último incendio, intuyo yo, no hace mucho. La llegada a Mariposa, en sí, carece de importancia. Las cuatro casas  y los caros hostales para los domingueros,  ávidos de llegar al Parque de Yosemite, harán que os deis la vuelta, para volver a disfrutar de esos acantilados que mueren en un verdoso y enigmático río, para volver de nuevo a Sonora.

En Sonora, más de lo mismo. Mejor conectada, deja para los más imaginativos los parajes apenas ya existentes, pero que cuenta con pueblos vecinos como Jamestown, llenos de encanto por su reducido tamaño y sus casas de madera al más puro estilo western.

Sin duda alguna, un día que podría haber sido olvidado, pero que al final me he decidido compartir con vosotros.

Yosemite….a la vuelta de la esquina…..

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