Moderna, dinámica y algo alejada del típico estandarte de ciudad centro americana, Panamá ofrece al viajero un buen número de opciones para pasar una estancia agradable pero sacrificando el encanto que poseen sus hermanas vecinas, como Antigua en Guatemala y Granada en Nicaragua. Como ventaja destacable, encontraremos una ciudad con rascacielos altos, donde la “yet set”, ha ido aposentando sus nidos durante décadas en forma de pisos lujosos o grandes compañías extranjeras donde sus negocios se centran en el famoso paso del Canal de Panamá.

Por ese motivo, no es de extrañar, ver tanta gente externa viviendo en el país, ocupando altos cargos en empresas donde la vida, por qué no decirlo, resulta fácil y económica para los baremos latinoamericanos.

La zona alta, donde los hoteles más lujosos se dan cita, podemos comprobar, que los casinos, los restaurantes más suntuosos y los clubs más selectos, se amontonan, viendo a una capital algo equivocadamente ficticia porque la realidad, es esa.
Excluyamos los barrios más problemáticos como “el Chorrillo” o el mismo casco antiguo, y veremos como el paisaje, se convierte en un intento casi perfecto de la América moderna que todos quieren acabar viendo en un futuro. Saliendo de esas invisibles líneas de seguridad y adentrándonos en las oscuras calles, alejadas de cualquier moderna farola, podremos llegar a tocar el alma de la vieja Panamá, la que a la mayoría asusta pero que irremediablemente, contiene el encanto que buscamos cuando indagamos en las auténticas historias de un pueblo que vive ajeno a los rascacielos que asoman por el horizonte.

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Ciudad de Panamá se deja llevar, pero no acaba encariñando al foráneo por su infumable mezcla entre un postizo futuro y un pasado histórico que poco a poco se va abnegando por el paso de los años, ayudado por las inminentes reformas que el gobierno propone o mejor dicho, impone, repercutiendo en las familias afincadas,  con menos poder adquisitivo, obligándolas a empaquetar las maletas gratuitamente, ordenando su desahucio con destino a ninguna parte y poder de ese modo, dar una capa de  maquillaje,  a una zona antigua y posiblemente turística en unos años,  donde actualmente, todo parece que esté a medio construir o a medio destruir.

Una desidia general parece que haya infectado el casco antiguo de la ciudad, dejando los supuestos pasados y solemnes edificios,  en un declive total por falta de mantenimiento. Las familias, instaladas desde hace décadas, hacen sonar una sombría sonata de gritos y lamentos frente a una policía inerte. Quien no me crea, yo he sido testigo de estos sucesos, mientras me dejaba caer en las zonas más representativas del Panamá Viejo. A la pregunta de si ven bien lo que está haciendo el Estado con estos pobres ciudadanos, la respuesta de los más acomodados es impactante: ¿tienen televisión y no pueden cambiar de piso? No sabía que el tema inmobiliario andaba tan bajo en este país, donde comparan una Samsung con una vivienda digna. ¿De qué me sonará esta historia de injusticia?…

Sorprendentemente, la capital panameña no está preparada para el turismo espontáneo. No viven ni vivirán de ello, construyendo hoteles de gama alta para los ejecutivos que se quedan unos días y hacer sus negocios. Eso no es que de más clase a un país que ha estado exento de muchas cosas en lo que a cuestiones fiscales se refiere, sino que sencillamente da más dinero que unos viajeros independientes, dejando migajas en hostales mugrientos. Si no, echad un vistazo y comprobad, la cantidad de bancos que florecen en cada esquina mientras vamos dando un paseo.

Pero realmente ¿merece la pena visitar ciudad de Panamá con todo lo que estoy diciendo? Bueno, más bien diría que es entretenida pero algo decepcionante. La salsa de la que tanto disfruto en las ciudades centroamericanas aquí queda algo desaliñada, pero a su favor diremos que la seguridad en muchas zonas es alta y los peligros quedan encerrados entre los muros de los barrios conflictivos.

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Criticar al país no sería para nada justo. Creo que ofrece unas bellezas tan descomunales que al urbanita panameño desconocedor a menudo de su entorno más cercano, lo dejaría sin habla. A parte, digamos que estando allí es incluso peligroso hacer una opinión negativa, frente a una gente que se siente orgullosa de sus orígenes y sobre todo, recalcan muchos, que ellos jamás pertenecieron a Colombia. En historia, los libros no mienten y eso es un hecho innegable. No querer ver la realidad de un pasado es algo que me deja perplejo, más aún, teniendo un especial desprecio a sus vecinos colombianos que tan bien me trataron durante un mes en su país.

El caso de la venezolana que no se adaptó a su nueva vida en Panamá y que supuestamente lo puso en las redes sociales, criticando el trato que tuvo por parte de los panameños, tuvo tal repercusión, que el gobierno tomó cartas en el asunto y echó de sus fronteras a ella y a su familia. Oficial o no la noticia, estaba en boca de cuanta gente me cruzaba y que raramente me dirigía la palabra.

No sabía que la libertad de expresión estaba prohibida en un país que apunta muy alto, aunque vuele muy bajo. Criticar por el ciberespacio cada vez trae consecuencias peores en nuestros días, cuando parecía que las leyes mordazas estaban destinadas a pasar a mejor vida. España, mi país,  se apunta por supuesto a esta repugnante moda anti-democrática.

Aun así, os voy a dar ciertos consejos para visitarla y poder sacarle partido a vuestra estancia.

Transportes y Dormir:

Moverse por la ciudad, dependiendo donde estemos, es factible hacerlo en taxi. Son baratos y los autobuses, llamados diablos, si estamos por un breve periodo de tiempo, será casi imposible que sepamos dónde van y de dónde vienen. Entre tanto coche nuevo en la capital estos pobres demonios, parece que compitan entre ángeles. El metro, recién estrenado, sirve para hacer unos puntos muy limitados. En un futuro puede que sirva para algo más, pero de momento y por mi experiencia, sirve para ir a cuatro lugares casi sin interés turístico. No sé si habrá sido un capricho del gobierno o realmente la planificación para unir Ciudad de Panamá mediante railes está aprobada y hay más que un leve propósito.

La orientación es muy sencilla. El mar servirá de brújula y encarándonos a él, a nuestra izquierda veremos la zona financiera con edificios altos y modernos, mientras que a nuestra derecha, nos daremos con la parte interesante de Panamá la Histórica. Ambos extremos están separados por un bonito paseo marítimo, donde las bicicletas y los corredores, serán nuestros acompañantes en los largos paseos que uno puede disfrutar.

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Dormir en Panamá puede ser algo más caro que en muchas ciudades que hayamos estado por Latinoamérica. Las pensiones que se dan cita en el casco viejo, parecen fiables aunque algo caras para tratarse de habitaciones compartidas. La zona hotelera situada en la Avda Argentina es una buena opción si el bolsillo nos acompaña y no nos importa dejarnos el dinero en dormir bien. Pero quedáis avisados, que no son aptos para mochileros de precio ajustado.

Nosotros veníamos de navegar durante una semana desde Colombia en un barco con otros 17 mochileros y decidimos acabar nuestra aventura en el mejor hotel que pudimos contratar en la página booking.com, en un Mc Donals de la terminal de autobuses de la capital panameña, una hora antes de hacer en Check-in. Buscar con el cansancio acumulado y el salitre pegado en nuestros cuerpos era una tarea que ni se nos pasó por la cabeza. El hotel elegido fue “El Príncipe”.

Panamá está asociado a su Canal. Inevitablemente es un punto imprescindible que hacer pero al que voy a dedicar otra crónica de cómo llegar barato y cuándo hacerlo.

Pero hablemos de un paseo por la ciudad para que nos hagamos una idea de lo diferente que es de otras capitales.

Barrio de San Felipe:

Sin ninguna duda es la joya de la ciudad. Su casco antiguo viste de paredes blancas. La marea hace estragos en sus rompientes pudiendo tener diferentes visiones del mar, dependiendo a la hora que vayamos del día. Los barcos quedan a merced de las olas a medida que avanza el día, pero a primera hora quedan embarrancados contra el seco lecho marino. Está todo calculado y los cascos adaptados para que no vuelquen,  no dejan de ser una imagen curiosa.

Los edificios abandonados en las últimas décadas, están en plena reforma. Esta bahía repleta de fabulosos edificios coloniales de influencia española, francesa y americana, pueden convertirse en un futuro en una de las zonas más espectaculares de Centro América. De momento, deberemos conformarnos con la perpetuas reformas que dejan ver a menudo el esqueleto de los inmuebles. Las cafeterías abundan, la buena cerveza corre por los bares y los restaurantes dan buena acogida a los turistas. Por lo que en definitiva, me decanto por esta zona como mi favorita en la Ciudad de Panamá.

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Iglesias y Plazas:

Hay que visitar la Iglesia de San José y la Plaza de la Independencia. Si lo ponemos en nuestra libreta de notas, veremos que nos viene de paso para visitar San Felipe, ya que está en la misma zona. Alejándonos más en dirección el Chorrillo, podremos disfrutar de una capital más auténtica con bares típicos sin estar tan preparados para el foráneo. Puede que parezca peligroso a menudo, pero durante el día y si respetamos esa frontera con el barrio más conflictivo de la ciudad, podremos ir descubriendo a nuestro paso iglesias de tamaño reducido, con una historia y belleza incuestionables.

Puede que suene a guasa, pero el marinero loco que conocimos en San Blas, nos recomendó la iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Allí entre tanto feligrés, sorprendido por la asistencia de tanta gente, no vi que se trataba de un funeral hasta que después de un buen rato vi el ataúd. Por cierto…la iglesia, merecía una visita como el capitán loco nos informó.

Mercado de mariscos

Aunque de dimensiones pequeñas, una visita por este mercado, debería ser obligatoria para los amantes del marisco. A mi la verdad que ni me va ni me viene, pero los mercados de todos los países me atraen de manera magnética, donde podremos ver como discurre la vida de la gente sin máscaras ni filtros. Lo curiosos es que nos tomaron por propietarios de algún restaurante, vendiéndonos todo tipo de productos al por mayor. Lo mismo nos pasó en Dubái, en un mercado nada turístico y no deja de ser  curioso tanta atención para unos simples viajeros que van a curiosear productos que probablemente en la vida compremos.

En las terrazas del exterior, se podrán hacer las degustaciones que deseemos. Después de mi experiencia en Santiago de Chile, decidí no comer ni siquiera una sardina. Estas cosas mejor en casa por si la cosa anda mal.

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Cinta Costera:

Fantástica zona para pasear con tranquilidad. Puede que las vistas típicas de la capital las consigamos desde casi cualquier ángulo. El mar a nuestra derecha y los rascacielos financieros al fondo. La gente la utiliza como un gran espacio de ocio para correr, hacer bicicleta o para pasear románticamente con tu pareja.

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La calzada de Amador:

Es una vía que funciona como un puente y recorre las tres islas al sur de la capital. Es ideal para relajarse y pasear. Exhibe restaurantes muy exclusivos y centros comerciales. Recordemos que desde San Felipe y desde esta famosa calzada, podremos ver los barcos como se dirigen en la lejanía al famoso canal de Panamá.

Albrook Mall:

¿Cómo no vamos a poner un buen centro comercial? Bueno para comprar, bueno para comer y éste en particular es el más grande del país. Con más de 500 tiendas, no deberemos buscar mucho en otros lugares si queremos abastecernos de ropa o comida para nuestra aventura si empieza en Panamá. Su situación en la terminal de autobuses y cerca del aeropuerto, hacen que esté a rebosar de compradores compulsivos o de curiosos con los bolsillos llenos de agujeros.

Estos fueron en definitiva los lugares que yo visité. Ciudad de Panamá, tiene más oferta de la que escribo en esta crónica, pero creo que lo fundamental es lo resumido anteriormente. Puede que os cueste mucho haceros con la ciudad al principio si venís de Cuba, Colombia u otro lugar donde la gente es más abierta. Los panameños a mi modo de verlo, debería ser conscientes de que no todos somos iguales y muchas costumbres o gestos pueden resultar ofensivos. A la viceversa igual. En las franquicias, tuve verdaderos problemas para que me atendieran. Mientras cuatro chicas estaban con sus móviles en la caja, la cola de unas ocho personas esperando, hacía prever que mi estancia debería armarla con paciencia y no me equivoqué.

No es una crítica. Es un hecho que nos dejó confusos tanto a Lourdes como a mí. La información turística es pésima. Empezando por el hotel Principe, donde jamás nos dieron un mapa, una respuesta a una pregunta y la indiferencia frente a nuestra falta de información me sacó de quicio en más de una ocasión.

Pese a lo duro que escribo, estoy seguro que cuando veáis los Guna Yala o vayáis a Bocas del Toro, todo esto se os pasará por alto.

Disfrutad de Panamá que como país ofrece mucho al viajero independiente.

Sigue mi viaje por Panamá en este enlace

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