Apenas a una hora de Kyoto en tren, encontramos la occidental Kobe, una urbe ubicada en un próspero puerto marítimo, donde todo lo visto anteriormente de Japón queda atrás. Sus modernos edificios y sus múltiples casas coloniales adosadas en la colina dan un aire algo extraño para tratarse de un país tan tradicional. Kobe no es una visita obligada, pero seguramente es conocida en todo el mundo por  La Carne de Kobe, considerada la mejor de todo el planeta.

Con un pequeñito y precioso barrio chino, un paseo marítimo aceptable, y unas vistas desde los puntos altos de la ciudad, puede resultar interesante visitarla. Nosotros por un incidente debido a las fuertes tempestades, no pudimos ir a Amanohashidate , debiendo cambiar de excursión sobre la marcha en la misma estación de trenes donde nos dieron la mala noticia.

La carne de Kobe es la guinda del pastel a la cocina japonesa. No pensemos que el sushi es lo único que hay por probar. Creo que es uno de los países en los que mejor he comido, en calidad y variedad. Aunque curiosamente y por cosas del destino, acabé probando esta preciada carne en Takayama.

Según cuentan, esta carne, se consigue criando a los bueyes, masajeándolos diariamente, dándoles una buena cerveza y según las malas lenguas, sus cuidadores, les hacen algunas manualidades en sus partes para relajar tensiones, como si estas existieran. Yo informándome por encima deduje que había más de leyenda urbana, que de realidad, y estos cornudos se crían como cualquiera sin ninguno de los favores mencionados anteriormente.

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