No pongáis el freno de mano en Seúl e intentad investigar qué se cuece por los rincones un poco más alejados del epicentro. Yo quedé impresionado. Las comparaciones sé que son odiosas, pero era inevitable compararlo con mi reciente viaje a Japón. Jeonju es mucho más impresionante que Nara. Más fotogénica y de algún modo más impactante por el simple hecho de ser el único turista en las dos jornadas que estuve.

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No deberíais perderos la subida a la colina. Sus vistas son imprescindibles para cualquier cámara de fotos. Si indagamos en los varios senderos que la montaña nos muestra, debemos ir al que va a la carretera, cruzar el puente y dirigirnos a un peculiar y divertidísimo barrio de estrechas y empinadas callejuelas. En sus paredes, pintadas con las series de dibujos más famosas de Japón, podremos imaginar que hemos salido de un modo extraño de Corea y que nos hemos tele-transportado al país del Sol Naciente. Las cafeterías son auténticas guarderías de adultos. Columpios, juegos, falsas puertas con espejos y un interminable número de jóvenes coreanos haciendo fotografías sin parar de reír,  hará de esta caminata una pequeña aventura difícil de definir. Y por si fuera poco, tan solo a quince minutos de la preciosa aldea Hanok.

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Pero no todo es pasear y derretirse ante la belleza indiscutible de Jeonju. Podemos comer el famoso plato llamado bibimbap, hecho de un nutritivo arroz templado, con 30 ingredientes de diferentes sabores y colores. Es muy nutritivo y como toda la comida coreana (a mi gusto), es delicioso. Para los menos atrevidos, la ciudad ofrece por todos los lugares el típico pulpo rebozado, un sinfín de sabrosos entrantes en los puestos callejeros o si vamos un poco más allá, podemos tirar por unos deliciosos Ramen, que son un tiro seguro.

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Jeonju, también ofrece la posibilidad de dormir en una casa Hanok. Hay que reservar con mucho tiempo de antelación, pero la experiencia puede servirnos para intentar vivir una noche como antiguamente lo hacían sus habitantes. Los precios son caros. El lujo está servido y para viajeros de bolsillo estrecho, tenemos cientos de hoteles al estilo coreano fuera de las murallas a precios soportables.

Debemos ir al compás del día. La noche en la aldea Hanok no da para mucho, quedando desierta, sin apenas gente paseando. Por lo que nos queda esa hora mágica, en que aún quedan rastros de luz solar, para que hurguemos entre las callecitas más desconocidas y de algún modo más encantadoras que las principales.

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No dejéis que os atrape la maravillosa Seúl. Y perdamos un par de días en conocer algo fuera de cualquier circuito turístico.

De hecho sé que este artículo será poco visto por el poco interés que pueda despertar un país que aún no está siendo revelado en occidente, pero estoy seguro que el tiempo me dará la razón.

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