Dudas, nervios e ilusión, son tres componentes básicos que la mente humana debe dosificar para combatir lo que sucede antes de un gran viaje. Sin duda este año, en un par de meses mi salto a Etiopía viene acompañado de total desconocimiento sobre la cultura, el país y sus gentes. Mi pequeña previa investigación sobre las tierras africanas en este lugar tan especial, hará que me integre más a cada paso que avance en mi aventura.

Si me surgieron ciertos temores cuando viajé por libre a Colombia, Etiopía no deja de ser otro país que su sola mención deje indiferente a nadie.

Dividido en dos zonas claramente opuestas en todos los ámbitos, Norte y Sur, haré que la ruta se divida en dos claras fases.

Las agradables temperaturas húmedas del Norte, vienen acompañadas por paisajes casi infinitos, con iglesias ancestrales escarbadas en la tierra y guardianes fieles a sus creencias, guardando los secretos del cristianismo, bajo toneladas de montaña.

El Sur, algo más misterioso por su difícil acceso, bajo el curso del Río Omo, ofrece al viajero contactar con las tribus étnicas más fascinantes del continente. Hay que apresurarse a descubrir este rincón porque las malas lenguas aconsejan decidirse e ir antes que aquello se convierta en una Tanzania donde ante la alerta de visitas turísticas, dejan sus ropas normales para volver a ataviarse temporalmente con sus antiguas indumentarias y de ese modo rascar unos dólares por cada instantánea que deseemos realizar.

Es difícil viajar a África y en especial a Etiopía. 

Es caro y a menudo la paciencia acaba siendo la base de todo éxito en cualquier intento de aventurarse por las misteriosas tierras del continente negro. Pero la Llamada de África lleva años acosándome, no pudiendo atenderla por falta de recursos.
Desde mi último viaje por el Sur del continente a través de cinco países, me llevé uno de los mejores viajes que jamás realicé en mi vida y aunque eso sea difícil de superar, el intento, estoy seguro que merecerá la pena.

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