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NAVIDADES REGADAS DE HISTORIA

A ciegas y casi sin tiempo, tuve que decidir quedarme por Europa estas navidades, después de un intento fallido por irme a Japón de nuevo y acabar de completar la información que me quedó en el tintero durante mi primer viaje.

Seamos sinceros y diré que no soy un apasionado de Europa. Menudo ignorante y desagradecido, que no sé apreciar lo que la proximidad me regala, delegándolo para un futuro lejano, donde la juventud y la ilusión hayan sido menguadas por el paso del tiempo.

Desde la muerte de mi padre, huyo sin mirar atrás a recorrer el mundo, cuando estas fechas tan codiciadas por las grandes empresas, empiezan a asomar por el calendario. Como un tratamiento curativo para mis pensamientos negativos, durante los eventos que celebran el nacimiento del mesías, cargo con una mochila y miro hacia nuevos horizontes, para olvidarme de una forma algo despreciable, dónde de me crié y cómo mi círculo infantil, se gestó en el más estricto cristianismo,  para acabar en la actualidad repudiando el dogma que intentaron imponerme. Hoy como adulto, discrepo totalmente de las normas eclesiásticas y nunca amparo mi suerte a un ser supremo, que de existir,  debería estar por la labor y no por mis insignificantes  dudas sobre mi propia existencia.

El primer año donde la tardía orfandad, marcó un antes y un después, me fui a Corea. El  segundo, el elegido fue Taiwán, pero este, pese a llevar unas ideas que apuntaban muy alto, debí plantearme el viaje de otro modo, para poder sanear mi economía tan mermada, después de mi triunfal y caro paso por Estados Unidos durante un mes.

Pero…¿Qué elegir? ¿Dónde ahorrar en Europa? Vale, sí, lo sé y soy consciente y doy por supuesto que Europa es caro, pero las circunstancias laborales, ha hecho un quiste molesto con las fechas de retorno, teniendo que recortar días, viendo que ir  de nuevo a India o Tailandia, saliendo por casi el mismo precio, debían de nuevo ser guardadas en el cajón de los deseos.

Obsesionado con la historia moderna, hice añicos un viaje a Camboya, cuando sin darme cuenta caí en la trampa de la ignorancia, visitando un país que fue devastado por Pol Pot, bajo una dictadura comunista, de dimensiones épicas. Su proporcionalidad, comparada con el holocausto nazi, es incluso mayor, pero la Conchinchina no quedaba tan cerca para documentar y menos cuando este sádico tirano, cerró herméticamente el país. Como si fuera una mala broma del destino, mi obsesión después de mi viaje por los campos de la muerte y la escuela de horror, hizo que me obsesionara con el tema de tal manera que busqué libros, documentales y películas que hablaran de ese hecho histórico que dejó una profunda huella en mí.

Después de casi ocho años de mi regreso, empecé a caer como hipnotizado en la historia del nazismo, su alzamiento en armas y esa sed que no conoce límites por conquistar y someter a todo lo que se te ponga por delante. Hablamos de una historia tan distinta pero con un parentesco en común tristemente con la de Camboya, llamado genocidio ¿Quién no ha oído hablar de la Solución Final ideada por los altos mandos alemanes,  para hacer desaparecer a toda una etnia de la faz de la tierra? ¿Quién no ha llorado viendo películas o documentales biográficos de las pocas víctimas supervivientes a tal magnicidio? Todas esas ilógicas preguntas tal vez sin respuestas, irán siempre rondando por mi mente sin conocer ni tan siquiera dónde ocurrió, ni donde se gestó esa brutal idea, concebida por dementes, que dejaron en la historia moderna una mancha tan negra como inolvidable.

Por ese motivo y por muchos más, dejé todas mis aversiones al continente europeo estas navidades y decidí pisar firme en mi nueva aventura navideña, que lejos de estar en comunión con mi familia no por diferencias, porque los adoro sino por mi inquietud de conocer nuevos destinos y vuelvo con fuerza a coger las maletas,  para empezar mi ruta en la castigada y marginada Polonia, un país que sufrió lo que pocos podrían soportar y donde se llevaron a cabo las mayores campañas antisemitas de la Segunda Guerra Mundial. Sus famosos campos de exterminio vienen dominados por el famoso Auschwitz, cerca de la conocida a medieval ciudad de Cracovia.

El viaje arrancará en Barcelona, partiendo a Varsovia, pernoctando varios días en Cracovia para dar el salto al campo de exterminio de Auschwitz. Puesto fin mi paso, cogeré un avión y me dirigiré al corazón donde todo se elaboró y de donde casi nada queda ya de la destruida Berlín donde intentaré poner cara a tanta historia.

El objetivo es visitar el origen y el final de tal acontecimiento que sacudió a todo un mundo hace ya más 70 años y que en la actualidad, mientras se van desenterrando documentos clasificados, siguen hiriendo y asombrando a todo el que se vuelve un erudito en la materia y al simple mortal que como yo, cuestiona la historia, porque ve difícil que se desatara tanta locura en tan poco espacio de tiempo.

Pese al triste trasfondo de mi viaje, no dejaré de desearos a todos los viajeros, a mi familia y a mi infatigable compañera de viajes, felices navidades.

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